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viernes, 28 de diciembre de 2012

Evangelio de agresión

Gato montés en su hábitat naturalAl ver esto, Jacobo y Juan, sus discípulos, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces, volviéndose él, los reprendió diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Lucas 9.54–55

El ser humano nunca se ha caracterizado por la capacidad de tolerar a quienes ven las cosas de forma diferente a él mismo. La intolerancia puede degenerar en actos de discriminación en la escuela, el trabajo o la sociedad. Cuando es llevada a sus más detestables extremos produce homicidios y guerras, los cuales no hacen más que revelar cuán alejado está el hombre caído del espíritu bondadoso del Dios que lo ha creado. Tales actitudes, aunque lamentables, no deben sorprendernos.
Sí debe asombrarnos, sin embargo, cuando la intolerancia se instala en el seno de la iglesia, la representante visible de la gracia extendida del Padre hacia un mundo caído. Jesús, camino a Jerusalén, había enviado a algunos de sus discípulos a que le prepararan un lugar en las aldeas por las que pasaba. En uno de estos poblados, entre los samaritanos, se le negó hospitalidad. La respuesta hostil de la gente de la zona provocó en los discípulos la respuesta que leemos en el texto de hoy.
Debemos observar que los discípulos se estaban valiendo de un precedente bíblico para la desatinada propuesta que elevaban al Señor. No entendían que el espíritu con que Elías enfrentó a los profetas de Baal era enteramente diferente al que ellos desplegaban en este momento. En aquella ocasión, el profeta confrontaba a un grupo de religiosos que servían para perpetuar la idolatría de toda una nación. En esta oportunidad, las personas simplemente no estaban dispuestas a extenderle una bienvenida a Cristo. El hecho es que una respuesta tan trivial despertó en los discípulos los deseos más desenfrenados de venganza.
Jesús señaló que ellos no sabían aún a quién estaban sirviendo, pues estaban claramente desalineados con los deseos del Hijo de Dios, que no vino a traer condenación sino vida. Esta es la esencia del evangelio, la cual no siempre hemos sabido captar correctamente. Si recordáramos cuánta paciencia ejerció el Señor con nosotros antes de que aceptáramos su invitación a unirnos a su familia, nos ayudaría a ser más misericordiosos con otros. La conversión es más un proceso que un momento, y la herramienta que más acerca a los hombres a esta experiencia es el amor.
Es precisamente esta falta de amor lo que muchas veces no produce mayor convicción en las personas con quienes compartimos el evangelio. Ellos perciben que si no aceptan el evangelio, recibirán nuestra condenación. Entienden que no es un amor puro lo que nos mueve y por eso no conseguimos tocar sus corazones. El rechazo inicial, sin embargo, podría ser la oportunidad preciosa que Dios nos está dando para perseverar en esa obra de amor. De seguro que les llamará la atención a ellos cuando vean que nosotros los seguimos amando, crean o no crean en las buenas nuevas que les anunciamos. Quizás esto, más que nuestra elocuencia, los lleve a eventualmente reconciliarse con el Señor.


Para pensar:
«La bondad es algo que los sordos oyen y los ciegos ven». J. Blanchard.

domingo, 23 de diciembre de 2012

El pecado de Sodoma

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Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. Esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del necesitado. Ezequiel 16.48–49

Resulta de mucho provecho leer los comentarios que hacen diferentes autores de la Biblia sobre eventos históricos. Muchas veces añaden a nuestra perspectiva alguna dimensión que no encontramos en el relato original de los eventos. Tal es el caso del Salmo 78, por ejemplo, que nos provee un comentario sobre la salida de los israelitas de Egipto y su conflictivo paso por el desierto. Del mismo modo, en el texto de hoy, encontramos un interesante comentario sobre la destrucción de Sodoma, que complementa el relato original de Génesis.
Si yo pudiera preguntarle a una persona dentro del ámbito de la iglesia cuál fue la razón por la que Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra, estoy seguro que la mayoría me daría una respuesta similar: El Señor terminó con aquellos dos poblados por causa del profundo deterioro moral en el que habían caído, con prácticas sexuales que aún hoy resultan detestables.
Esta decadencia es lo que estaba a la vista, pero el profeta Ezequiel ni siquiera la menciona en el texto de nuestro devocional. Creo que la razón es clara: las prácticas abominables en que habían caído no eran la causa de su problema, sino el síntoma. Es decir, la entrega desenfrenada a una vida de placer era el resultado de otras falencias mucho más serias, las cuales están mencionadas en este pasaje. El profeta identifica cuatro aspectos de la vida de los habitantes de aquellas ciudades, que nos dan interesantes pistas acerca de la esencia del problema que enfrentaban.
En primer lugar, afirma que ellos tuvieron abundancia de pan. Hemos de entender por esto que Dios los bendijo abundantemente con bienes materiales; gustaron de la prosperidad como fruto del trabajo de sus manos. Junto a la prosperidad, sin embargo, llegaron dos actitudes típicas de los que mucho tienen: la soberbia y el ocio. El orgullo es el resultado de creer que lo que hemos conseguido ha sido por la astucia y las habilidades propias. No existe ningún reconocimiento de la bondadosa provisión del Altísimo en ese estado de bienestar que disfrutamos. El ocio resulta cuando se tienen tantas riquezas que ya no hace falta trabajar para seguir ganándose el pan de cada día. La persona comienza a buscar la forma de divertirse, gastando la abundancia que posee.
Ezequiel señala que no siguieron el camino que Dios desea para aquellos que han alcanzado la prosperidad, que es bendecir a los que no tienen. Los habitantes de Sodoma no se ocuparon del afligido ni del necesitado. De este modo, queda al descubierto el verdadero problema de ellos: no supieron administrar con sabiduría todo lo bueno que habían recibido de la mano del Señor. Habiendo rechazado la inversión en otros, se volcaron hacia una vida de egoísmo absoluto.

Para pensar:
Dios nunca bendice exclusivamente para nuestro bienestar. Lo que recibimos tiene un destino comunitario, y deber servir para bendecir la vida de muchos. Esta es la esencia de nuestro llamado.

 

martes, 18 de diciembre de 2012

No te conformes con menos

Lectura bíblica: 1 Juan 4:7–12


El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8




Pregúntale a amigos o parientes mayores si se acuerdan de una vieja canción que decía que la infatuación y el matrimonio iban juntos como un caballo con una carreta. Te dirán que es el amor —no alguna infatuación— y el matrimonio lo que van juntos. Pero en el diario vivir, muchos los confunden. Entonces, ¿cuál es la diferencia?

Infatuaciones son cuando las chicas se babean por los chicos. Es cuando los chicos le dan un puñete cariñoso a las chicas en el brazo. Quizá no confundirías esos sentimientos melosos con el verdadero amor. Pero fíjate en las enormes diferencias entre una infatuación y el verdadero amor.

Infatuación

Verdadero amor

Comienza y termina súbitamente

Sigue aumentando a medida que pasa el tiempo

Sigue superficial

Se profundiza

Altibajos emocionales

Un compromiso que se mantiene firme

Enamorado del amor

Enamorado de una persona

Rompe las relaciones cuando se irrita

No se da por vencido cuando aparece un problema

Se enfoca en lo físico

Se enfoca en el carácter

Toma

Da

Mis sentimientos

Las necesidades del otro

Centrado en sí mismo

Se autocontrola

Atracción física ante todo

Atención emocional y espiritual ante todo

Espera encontrar felicidad

Espera poner todo de su parte para lograr felicidad

Pregunta: “¿Qué tal me va?”

Pregunta: “¿Qué tal te va?”

Acepta si el otro reúne ciertas condiciones

Acepta incondicionalmente

Cree que la otra persona es perfecta

Ve los puntos fuertes y los débiles

Ignora los problemas

Encara los problemas para resolverlos


¡Cuántas diferencias! Las infatuaciones se esfuman. Pero el amor verdadero perdura. Aunque una amistad entre una chica y un chico no culmine en el matrimonio, el verdadero amor sigue amando.

Esas características del amor, ¿te hacen pensar en alguien? Debieran hacerlo, porque reflejan las características del amor de Dios por ti. Tú eres todos los días el objeto de ese amor generoso e incondicional. Y cuando comienzas a poner en práctica esas características en tus relaciones humanas, eres un reflejo del amor de Dios.

PARA DIALOGAR: Contesta en tus propias palabras: ¿Cuál es la diferencia entre una infatuación y el verdadero amor?

PARA ORAR: Señor, ayúdanos a expresar el verdadero amor a los que decimos querer.

PARA HACER: Es probable que hayas sido testigo de infatuaciones de chicos y chicas. Quizá te has sentido presionado a tener un “amorcito”. ¿Te parece que te conviene hablar con mamá o papá sobre eso?


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.





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jueves, 13 de diciembre de 2012

Llena tu copa

lectura Lectura bíblica: Efesios 5:15–20


Sed llenos del Espíritu. Efesios 5:18


El proceso básico para recurrir al poder del Espíritu Santo para tu vida diaria no es tan distinto a llenar una copa con tu refresco favorito. Por si acaso no has pensando en la técnica, tienes que hacer tres cosas indispensables: (1) Asegúrate de que la copa está en el lugar preciso donde vas a echar la bebida, (2) asegúrate de que le sacaste la tapa a la botella y (3) una vez que inclinas la botella y empieza a salir la bebida, tienes que estar listo para tener desbordantes burbujas.


Dios te diseñó para ser lleno del Espíritu Santo y ser guiado por él. Del mismo modo en que debes seguir esos tres pasos para servirte tu refresco, necesitas tres pasos sencillos para aprovechar mejor al Espíritu en tu vida.


1. Colócate en el lugar preciso por medio de confesar tus pecados (ver 1 Juan 1:9). El Espíritu Santo no te puede llenar y guiar cuando prefieres vivir apartado de Dios. Cada vez que te das cuenta de que has desobedecido a Dios, admite que lo que hiciste fue malo. Al arrepentirte le das gracias porque ya tienes su perdón porque Cristo pagó por tus pecados con su muerte en la cruz.


2. Saca la tapa, o sea, cree que Dios te llenará con su Espíritu y te guiará por medio de él. ¿Qué necesitas hacer para ser lleno del Espíritu Santo? Primero, entrega cada aspecto de tu vida a Dios (ver Romanos 12:1, 2). Dile: “Señor, es todo tuyo: mis hobbies, deportes, amigos, estudios y anhelos, son todos tuyos”. Pídele a Dios que sea tu jefe en cada área. Luego pide que el Espíritu Santo te llene. El Espíritu Santo es un regalo gratuito, no tienes más que pedirlo. Cuando le dices a Dios que quieres que te llene, Dios promete contestar (ver 1 Juan 5:14, 15).


3. Mantén vivas las burbujas de su poder por medio de andar en el Espíritu. Llenarse no es algo que sucede una sola vez. El que confíes en Dios para que te llene de su Espíritu no significa que nunca vas a fallar por falta de fe o por tu desobediencia. Cuando fallas, arrepiéntete, confiésalo inmediatamente y vuelve a Dios.


Es más, ¡Dios te vuelve a llenar la copa gratuitamente! Pídele una vez más que te llene, y confía que lo hará. Luego fortalece tu fe orando y estudiando la Palabra de Dios (ver Romanos 10:17). Sí, tienes que estar listo para encarar los conflictos espirituales del mundo, de la carne y de Satanás. Y si respondes a los conflictos recurriendo al Espíritu de Dios que obra en ti y por medio tuyo, saldrás vencedor. Ponte en el lugar preciso. Saca la tapa. Luego, ¡prepárate para que Dios te llene hasta desbordarse!


PARA DIALOGAR: ¿Captaste los tres pasos? ¿Cuál paso quiere Dios que tomes para dejar que su Espíritu llene tu vida?


PARA ORAR: Señor, anhelamos que tu Espíritu nos llene. Danos todo lo que necesitamos para andar cerca de ti toda la vida.


PARA HACER: Confecciona un cartel de estos tres pasos para que te llene el Espíritu. ¡Colócalo donde puedas verlo!


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.


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martes, 11 de diciembre de 2012

El antilíder

25 fotografías nuevas, que parecen antiguas o viejasSe levantaba Absalón de mañana y se ponía a un lado del camino junto a la puerta, y a cualquiera que tenía pleito y venía ante el rey a juicio, Absalón lo llamaba y le decía: «¿De qué ciudad eres?». Él respondía: «Tu siervo es de una de las tribus de Israel». Entonces Absalón le decía: «Mira, tus palabras son buenas y justas; pero no tienes quien te oiga de parte del rey». Y añadía Absalón: «¡Quién me pusiera por juez en el país, para que vinieran ante mí todos los que tienen pleito o negocio, y yo les haría justicia!» 2 Samuel 15.2–4

a estrategia que utilizó Absalón para robarse el corazón del pueblo nos permite entender cómo una persona puede obrar con astucia para minar el trabajo de un líder. Absalón no confrontó directamente a David, sino que comenzó a trabajar sutilmente en el corazón de las personas que apoyaban al rey. Esta forma de proceder no hace más que imitar la metodología del mismo diablo, quien trabaja sutilmente en el corazón de las personas para que se resistan a la voluntad del Padre. Del mismo modo, el joven israelita se ubicó a la puerta de la ciudad y fingió un verdadero interés en la vida de cada una de las personas que venían a ver a David.
Es necesario señalar que no hubiera podido lograr este trabajo si David hubiera estado ocupado en atender las necesidades de su pueblo. Con el pasar de los años, sin embargo, el rey se había distanciado de su gente y había desatendido la función vital de pastorearlos, tarea a la cual había sido llamado. La insatisfacción y la frustración de ellos constituía tierra fértil para que Absalón sembrara en sus corazones la semilla de la discordia.
Es por esta razón que podemos afirmar que es difícil robarle el corazón a personas que se sienten amadas y cuidadas. Cuando un pastor sufre esta clase de problemas es, en muchas ocasiones, una indicación de que no está atendiendo adecuadamente las necesidades de su gente. Como señalaba un sabio profesor mío, «¡es difícil robar ovejas gordas!» Es decir, las únicas ovejas que escuchan propuestas de ir a otros campos son las que no están siendo correctamente alimentadas en el lugar donde están.
¿Cuál es la estrategia a seguir con el antilíder? Estas situaciones no se resuelven con la agresión hacia los «Absalones» de nuestro medio. Más bien tenemos que hacer los ajustes necesarios en nuestro pastoreo para asegurarnos que las personas de la congregación estén siendo adecuadamente pastoreadas. Esto no significa que usted y yo tenemos que llevar adelante un ministerio perfecto, sino que debemos esforzarnos para que la meta principal de nuestro trabajo sea compartir el amor y la gracia de Cristo con aquellos a quienes ministramos. Si ellos se sienten amados y valorados por su pastor, va a ser muy difícil que escuchen las propuestas de alguien que quiera llevarlos para otro lado.


Para pensar:
¿Cómo demuestra su amor hacia las personas que está pastoreando? ¿En qué aspectos necesita mejorar su ministerio para atenderlos mejor? ¿Con quién está compartiendo la carga de cubrir adecuadamente las necesidades de su gente?



lunes, 10 de diciembre de 2012

Peligro de intoxicación

Y usted, ¿qué prefiere de mascota, un perro o un gatito?El crisol es para la plata y el horno para el oro, y al hombre se lo prueba por la alabanza que recibe. Proverbios 27.21 (NVI)

El proceso de purificar metales preciosos no es muy complejo y ya era conocido en tiempos bíblicos. El metal, que en su estado natural está mezclado con toda clase de impurezas minerales, es sometido a un intenso proceso de calentamiento. El calor producido por el fuego hace que los elementos, que poseen diferentes puntos de fundición, se separen para que quede aislada la plata o el oro puro.
La ilustración, del autor de Proverbios nos ayuda a entender cómo un proceso similar de purificación ocurre en el hombre. Es muy fácil para cada uno de nosotros confiarnos de nuestra propia capacidad para efectuar una evaluación acertada del verdadero estado de nuestro corazón. El mismo autor realiza una pregunta para la cual todos conocemos la respuesta: «¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?» (Pr 20.9 - LBLA). Es imposible que el hombre purifique su propio corazón, especialmente en lo que se refiere al tema del orgullo y la humildad.
El texto de hoy nos da una solución más confiable. Una buena manera de saber la clase de persona que somos o son aquellos con quienes estamos trabajando es medir su reacción frente a la alabanza. Al igual que las más severas pruebas, la alabanza tiende a sacar a la luz las motivaciones y actitudes escondidas en lo más profundo del ser humano.
Existen dos posibles respuestas, frente a la alabanza, que deben preocuparnos. La primera es la persona que se hincha de importancia y cree que sus logros son producto de su propia fuerza e inteligencia. Esta persona está transitando por un camino peligroso porque se ha olvidado que todo lo que tenemos y somos es el resultado de la generosa bondad de Dios hacia nosotros. Lo nuestro no tiene mérito porque todo lo que es bueno y justo procede de lo Alto. «No puede un hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo» (Jn 3.27). Jesús nos recordó claramente esta verdad cuando contó la parábola del siervo que había servido fielmente a su amo, no solamente en el campo, sino también en la casa. ¿Acaso debía el amo darle las gracias por lo que había hecho? La respuesta del Maestro fue clara: «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”» (Lc 17.10).
La otra reacción que debemos cuidar es la de la persona que es excesivamente «humilde» y rehúsa reconocer que ha tenido parte en el éxito de algún proyecto. Sospecho que esta actitud revela una extraña manifestación del orgullo, pues la falta de disposición a recibir los regalos que otros nos quieren dar también se debe a la altivez. La verdadera humildad sabe dar, pero también sabe recibir.
Corresponde, entonces, que agradezcamos el cumplido a quien nos lo haya ofrecido y luego se lo entreguemos a nuestro Padre, no sea que lo atesoremos en nuestro corazón. La mejor manera de manejar la alabanza es no dándole mucha importancia.


Para pensar:
«Los orgullosos aborrecen el orgullo… ¡en los demás!». Benjamín Franklin.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Bienaventurados en todo!

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Bienaventurados en todo!
Pero el que mira atentamente a la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1.25

El apóstol Santiago, el maestro eminentemente práctico en los escritos del Nuevo Testamento, nos da las claves para no convertirnos en oidores olvidadizos. La frase describe con admirable sencillez la condición de no poder retener la información que guía la conducta o el proceder en la vida. Esto puede tratarse de algo tan sencillo como llegar a un cuarto y no poder recordar por qué razón se vino a él, o algo mucho más complejo como puede ser la pérdida de memoria que es producto de enfermedades tan temibles como el Alzheimer. Para los efectos, los resultados son los mismos, pues uno queda desorientado y no sabe cómo proceder. Del mismo modo se podría describir a la persona que no retiene la Palabra de Dios. Se regocija con la proclamación de la misma pero no le da ninguna utilidad en su vida personal. Al igual que el exceso de maná recogido por los israelitas en el desierto, la palabra se «echa a perder» y rápidamente queda olvidada. No debemos desesperar por esta condición, tan común en estos tiempos en que estamos sobresaturados de la Palabra.
Santiago nos da claras instrucciones para llegar a ser bienaventurados en TODO lo que hacemos. Esas mayúsculas no están en el texto por error, sino para que usted y yo recordemos que el que vive la Palabra tiene promesa de bendición, y bendición «en abundancia» como afirmó Cristo. No debe confundirse esto con una vida sin problemas, que es la interpretación facilista del texto. Dios promete respaldar la vida de aquellos que viven conforme a sus designios, aun cuando les toque transitar por situaciones de extrema dificultad. Asimismo, no se nos debe escapar que esta bienaventuranza alcanza a los que hacen, no a los que oyen, estudian o memorizan la Palabra de Dios. Existe una gran diferencia entre el ejercicio intelectual que implican las últimas opciones y el esmero que es condición indispensable de la primera.
¿Cuáles son estas instrucciones de Santiago? En primer lugar, debemos mirar «atentamente» a la ley perfecta. Esta actitud indica una concentración de los sentidos que no puede ser lograda en una leída superficial del texto. Es el fruto de la convicción de que los tesoros más preciosos de la Palabra están al alcance de aquellos que realmente están dispuestos a buscarlos, esperando la revelación del Espíritu. Presupone el deseo de ocuparse con seriedad de la lectura de sus mandamientos.
En segundo lugar, Santiago exhorta a perseverar en ella, siendo un «hacedor de la obra». ¿A que obra se refiere? Precisamente a la que resulta del estudio de la Palabra. Dios no entrega su verdad para informar, ni entretener, sino más bien para orientar hacia una acción concreta. El resultado del estudio será que nos mueva a hacer algo. Solamente aquellos que obedecen ese impulso divino alcanzarán la plenitud de la bendición, pues la obediencia desata el respaldo del Altísimo.

Para pensar:
La perseverancia es necesaria porque ni la carne ni el mundo nos acompañarán en el deseo de vivir en luz. La victoria es de aquellos que no desisten fácilmente de lo que se han propuesto.

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

viernes, 23 de noviembre de 2012

En Él Esta La Verdadera Vida

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“En él estaba la vida, la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” Juan 1:4-5 (NVI)

En casos de corte de luz, todavía solemos en casa recurrir a la antigua vela para alumbrar la oscuridad reinante. Es cierto que no logra alumbrar toda la habitación. Y que no tiene un gran impacto en toda la casa. Pero se puede ver desde todo lugar. No importa en que rincón de la habitación te encuentres, vas a poder ver el haz de luz de la vela. No hay oscuridad que pueda opacarla.

Y si en una habitación completamente oscura junto oscuridad en una bolsa y la cierro. Y salgo al aire libre, donde brilla el sol y abro la bolsa, la oscuridad no va a salir de la bolsa. Es más. No va a pasar nada. La luz de día elimina todo vestigio de oscuridad. Porque es imposible que la oscuridad prevalezca en medio de la luz.

Mientras pensaba en estos conceptos, leí este texto brillante de Juan. Está hablando del Señor Jesucristo y lo presenta a sus compañeros de lectura. Para hablar de Cristo, comienza hablando de su eternidad y deidad, para luego hacer esta afirmación. El Señor Jesús es Luz, y esa Luz resplandece en las tinieblas. Y aunque para muchos, el paso de Cristo por la tierra dejó mucho que desear porque no tuvo la trascendencia que humanamente se hubiera demandado, y como dice el mismo Juan, a lo suyo vino y los suyos no le recibieron; a pesar de eso, esta afirmación es eterna. La Luz de Jesús resplandece y las tinieblas no han podido ni podrán extinguirla.

Preciosa claridad de nuestro Señor, que ilumina la más tenebrosa de tus dudas. Nada puede resistir ni ensombrecer la Luz de Jesús. Y esto me pone en un terrible compromiso. Es cierto que no tenemos luz propia, y que somos apenas un reflejo pálido de esa luz prístina de Dios. Es como comparar el sol con una vela. Es incomparable.

Sin embargo, el reflejo de la Luz del Señor es nuestra vida no está condicionado por la fuerza del agente emisor, sino por la trasparencia del agente reflector. Es decir, tuya y mía. Por eso es que algunos cristianos se parecen tanto a Cristo y otros, son una sombra. Que tu luz sea una vela, para que pueda verse siempre en cualquier rincón de tu comunidad.

REFLEXIÓN – Tienes la Luz de Jesús, reflejala.

Un gran abrazo y bendiciones

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Arrepentimiento de corazón

Un perro muy curioso mirando el paisaje en las montañas - Cute dog washing the natural landscape

Ahora, pues, dice Jehová, convertíos ahora a mí con todo vuestro corazón, con ayuno, llanto y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová, vuestro Dios; porque es misericordioso y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y se duele del castigo. Joel 2.12–13

Siempre corremos el peligro de que se apodere de nuestras vidas la religiosidad que tanto atrae a los seres humanos. Ella nos ofrece una conciencia tranquila a cambio de algunas prácticas que, «en teoría», satisfacen las demandas del Señor. La Palabra, no obstante, señala que fuimos llamados a una relación de intimidad con Dios. No podemos cultivar con nadie una relación significativa si la limitamos a algunos pocos ejercicios rutinarios. Las relaciones más profundas son el fruto del esfuerzo y la dedicación de un compromiso cultivado en el corazón.
Es a este nivel de compromiso que apunta el profeta Joel cuando comunica a Israel un mensaje de parte de Dios: «Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos». El único arrepentimiento que realmente vale, en lo que respecta a la vida espiritual, es aquel que transforma la dureza de nuestros corazones y produce en nosotros un verdadero quebranto por el pecado. Es el que va acompañado, como señala el texto de hoy, por ayuno, llanto y lamento. Es decir, es la manifestación de una verdadera congoja interior.
Quien posee una mínima comprensión de los procesos espirituales en la vida del hombre sabe bien que esta clase de arrepentimiento no lo puede producir ninguna persona. Más bien es el resultado de una acción soberana de Dios. Así le ocurrió a Isaías cuando vio al Señor sentado en su santo templo (Is 6.1–13), o a Pedro, cuando se postró a los pies de Jesús, proclamando su condición indigna delante del Hijo de Dios (Lc 5.8). Solamente el Señor puede generar un genuino arrepentimiento espiritual (2 Ti 2.25).
Debemos preguntar, entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad en el proceso, si nosotros no podemos producir ese quebranto interior que Dios busca?
En primer lugar, debemos rechazar toda perspectiva trivial del arrepentimiento. A veces, en nuestras oraciones, hacemos algunas declaraciones tales como: «Señor, te pido perdón por cualquier pecado que pueda haber cometido contra tu persona». Tales expresiones son muy generales como para tener algún valor. El pecado es un asunto demasiado serio como para encerrarlo en una sola frase.
En segundo lugar, si sabemos que el arrepentimiento es el resultado de una acción del Espíritu de Dios, nos compete crear los espacios y momentos durante el día para que se pueda producir la revelación que conduce al arrepentimiento. Es decir, tenemos que permitir que el Espíritu examine nuestros corazones y traiga a la luz aquellos asuntos que ofenden al Señor. Solamente con pedir discernimiento podremos comprobar cuánto anhela limpiarnos el Señor, pues no tardará en responder a nuestro pedido.
En tercer lugar, debemos saber que el verdadero arrepentimiento va a acompañado de señales externas que no pueden ser fabricadas: el quebranto, el lamento y las lágrimas. Tales señales pueden ayudarnos a diferenciar un arrepentimiento superficial de aquel que viene de lo más profundo de nuestro corazón. Procuremos, pues, la cercanía con Su persona que produce en nosotros un corazón sensible y humilde.


Para pensar:
«El arrepentimiento implica mucho más que pedirle perdón a Dios». Anónimo.


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

martes, 13 de noviembre de 2012

Una convicción inamovible

paisaje
Aunque él me mate, en él esperaré. Ciertamente defenderé delante de él mis caminos, y él mismo será mi salvación, porque el impío no podrá entrar en su presencia. Job 13.15–16

Esta declaración de Job revela una de las razones por las cuales el Señor lo describe como un «varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal» (Job 1.8). En ella podemos encontrar la base de una vida de grandeza para con los asuntos del reino.
Job hace esta confesión luego de un prolongado intercambio entre él y sus tres amigos que habían llegado a consolarlo: Elifaz, el temanita, Bildad, el suhita, y Zofar, el naamatita (Job 2.11). Ellos guardaron silencio por siete días; pero luego se sintieron con autoridad para explicarle a Job la razón de las calamidades que habían sobrevenido a su vida. Con la misma convicción que poseen algunos líderes en nuestros tiempos, estos tres creían que el sufrimiento de Job estaba directamente relacionado con algún pecado oculto en la vida de su amigo. «Los que andan en integridad», afirmaban ellos, «no pasan malos momentos». No hace falta que hagamos referencia a lo errado de esta postura, pues hasta el mismo Hijo de Dios pasó por el fuego refinador del sufrimiento (Heb 5.8).
Algunas traducciones de este versículo cometen una injusticia con Job, pues dan a entender que él estaba diciendo: «Aunque Dios me mate, no voy a cambiar de opinión». Esta postura, no obstante, no refleja el espíritu humilde y temeroso que caracterizaba a este varón de Dios. Más bien delata una actitud de soberbia y obstinación.
La verdad es que Job no entendía cuál era la razón de la desgracia que había venido sobre él y su familia. Creo que nosotros, aun teniendo acceso al increíble intercambio entre Dios y Satanás en el primer capítulo, tampoco entendemos realmente por qué ocurrió lo que ocurrió. Sabemos que Dios quiso demostrar algo, pero si miramos la situación con ojos humanos nos parece cruel la actitud del Altísimo. Esto es precisamente lo que nos diferencia de la persona de Job. Él creía que Dios era justo y bueno, aunque actuaba de maneras completamente incomprensibles.
De hecho, la lectura del libro revela que Job estaba confundido por lo que había pasado. En medio de esa confusión, sin embargo, existe esta certeza: «Aun si llego a perder mi vida, sé que Dios no obrará injustamente conmigo. Él es bueno y recto y recompensa a todos los que esperan en él». Esta convicción inamovible constituye el fundamento sobre el cual se construye una vida de fe que agrada a nuestro Padre celestial. En esta tierra nos tocará transitar por muchísimas situaciones de sufrimiento y angustia. Mas algo que no debe cambiar nunca en nosotros es la convicción de que nuestro Dios es bueno y justo. Aunque todas las evidencias parezcan señalar algo diferente, sabemos que él jamás perpetrará una injusticia, ni se hallará mal alguno en su persona.


Para pensar:
Cuando esta convicción se convierte en la roca de nuestra fe podemos encarar la vida de otra manera. ¿Pasaremos por sufrimiento? ¡Por supuesto que sí! Pero ya no sufriremos el tormento y la angustia que padecen aquellos que creen que Dios los ha abandonado. Aun en medio de las lágrimas podremos decir: «Yo sé que mi Padre es bueno y que no existe en él injusticia alguna».


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Quién me está tapando la luz?

Vuela bajo el cielo y sobre el mar, en la búsqueda contínua de tu libertad.

Lectura bíblica: 1 Tesalonicenses 5:5, 6
Todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día. 1 Tesalonicenses 5:5

Mauricio, el hermano mayor de Mara, estaba orgulloso de su Mustang convertible clásico, modelo 1967. Pero no lo mantenía limpio, así que un amigo escribió en la tapa del motor: “Límpiame”, y al hacerlo, rayó la pintura con la uña. Mauricio le pegó unos buenos gritos a su amigo por haberle rayado el auto.
Un día, camino a casa volviendo del trabajo, un camión que lo pasó le salpicó el parabrisas que quedó cubierto de barro. No tendría que haber sido un problema, pero a Mauricio se le había acabado el fluido limpiaparabrisas. Aunque trataba de ver por dónde iba, no podía ver el camino a través del parabrisas lleno de barro. Accidentalmente giró a la izquierda y se encontró con que iba de contramano. Por suerte no venía ningún auto que hubiera causado un choque de frente.
A veces hay gente que es como el camión que salpica barro. Estás andando por la vida y de pronto un enemigo te ensucia. Tus amigos son como el muchacho que rayó el auto. Pueden rayarte con sus palabras hasta que realmente duele. A veces el dolor es causado por alguien cerca tuyo.

•      Un familiar te trata como si no valieras nada.
•      Un amigo te evita, te ignora, te hostiga o se burla de ti.
•      Un compañero de escuela te llama cosas como “perdedor”, “retardado” o “torpe”.

Ese tipo de barro bloquea de tu vida la luz de Dios. Dios te ve digno de ser amado, valioso y capaz, pero cuanto más barro te salpique la gente, más difícil te resulta ver la verdad de Dios acerca de quien eres. Cuando te sientes lastimado, es posible que ataques tirando barro a todos los que te rodean, o que te desvíes del camino.
Si te resulta difícil verte digno de ser amado, valioso y capaz, puede que sea porque la verdad de Dios ha sido bloqueada de tu vista por personas que tapan la verdad de tu verdadera identidad. ¿Puede estar pasándote esto? Pregúntate:

•      Las personas con las que paso más tiempo, ¿me ven como me ve Dios?
•      Mis amigos, ¿refuerzan lo que la Biblia dice de mí?
•      Estas personas, ¿reflejan el amor de Cristo por mí?

Si las personas que tienes más cerca siguen tirándote barro, te resultará difícil ver más allá del fango para poder captar el concepto que tiene Dios de ti. En ese caso, ocuparte de tener las personas apropiadas a tu alrededor es como llenarte del fluido limpiaparabrisas de Dios. Es lo que necesitas para quitarte las obstrucciones que te impiden ver.
PARA DIALOGAR: ¿Te ven tus amigos como te ve Dios? ¿Ha llegado el momento de cambiar de amigos?
PARA ORAR: Señor, ayúdanos a elegir los amigos apropiados para que tu luz inunde nuestra vida.
PARA HACER: Si le tiras barro a los demás —si dices o haces algo que expresa que no son dignos de ser amados, valiosos y capaces— deja de hacerlo hoy.


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

domingo, 4 de noviembre de 2012

En Él Esta La Verdadera Vida

En Él Esta La Verdadera Vida


“En él estaba la vida, la vida era la luz de la humanidad. Esta luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no han podido extinguirla.” Juan 1:4-5 (NVI)

En casos de corte de luz, todavía solemos en casa recurrir a la antigua vela para alumbrar la oscuridad reinante. Es cierto que no logra alumbrar toda la habitación. Y que no tiene un gran impacto en toda la casa. Pero se puede ver desde todo lugar. No importa en que rincón de la habitación te encuentres, vas a poder ver el haz de luz de la vela. No hay oscuridad que pueda opacarla.

Y si en una habitación completamente oscura junto oscuridad en una bolsa y la cierro. Y salgo al aire libre, donde brilla el sol y abro la bolsa, la oscuridad no va a salir de la bolsa. Es más. No va a pasar nada. La luz de día elimina todo vestigio de oscuridad. Porque es imposible que la oscuridad prevalezca en medio de la luz.

Mientras pensaba en estos conceptos, leí este texto brillante de Juan. Está hablando del Señor Jesucristo y lo presenta a sus compañeros de lectura. Para hablar de Cristo, comienza hablando de su eternidad y deidad, para luego hacer esta afirmación. El Señor Jesús es Luz, y esa Luz resplandece en las tinieblas. Y aunque para muchos, el paso de Cristo por la tierra dejó mucho que desear porque no tuvo la trascendencia que humanamente se hubiera demandado, y como dice el mismo Juan, a lo suyo vino y los suyos no le recibieron; a pesar de eso, esta afirmación es eterna. La Luz de Jesús resplandece y las tinieblas no han podido ni podrán extinguirla.

Preciosa claridad de nuestro Señor, que ilumina la más tenebrosa de tus dudas. Nada puede resistir ni ensombrecer la Luz de Jesús. Y esto me pone en un terrible compromiso. Es cierto que no tenemos luz propia, y que somos apenas un reflejo pálido de esa luz prístina de Dios. Es como comparar el sol con una vela. Es incomparable.

Sin embargo, el reflejo de la Luz del Señor es nuestra vida no está condicionado por la fuerza del agente emisor, sino por la trasparencia del agente reflector. Es decir, tuya y mía. Por eso es que algunos cristianos se parecen tanto a Cristo y otros, son una sombra. Que tu luz sea una vela, para que pueda verse siempre en cualquier rincón de tu comunidad.

REFLEXIÓN – Tienes la Luz de Jesús, reflejala.

Un gran abrazo y bendiciones

viernes, 2 de noviembre de 2012

No hay que ver para creer

ver para creer
Lectura bíblica: Mateo 28:1–7

No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Mateo 28:6

Un hombre y una mujer en guardapolvos blancos entran en un laboratorio. Ella sostiene una tablilla y un lápiz, él sujeta un objeto blanco pequeño y rectangular. El hombre coloca el objeto blanco en un pequeño tanque de vidrio lleno de agua que primero se hunde y luego vuelve a la superficie. La mujer apunta algo en su tablilla. El hombre empuja otra vez el objeto hasta el fondo. Éste vuelve nuevamente a la superficie. La mujer apunta algo más en su tablilla.
Después de hacer esto repetidamente, los científicos llegan a una sorprendente conclusión: La barra de jabón de la marca X flota. Lo han comprobado científicamente.
Cierto o falso: La única manera de comprobar que una información sea verdad es por medio de experimentos científicos.
Esto es totalmente falso. El método científico es una gran herramienta para aprendizaje, pero no es la única manera de probar algo.
Si los experimentos científicos fueran la única manera de arribar a la verdad, entonces no podríamos comprobar que José de San Martín fue el libertador de Argentina, Chile y Perú, o que Simón Bolívar juró dedicar su vida a la independencia americana. Pero por el hecho que no se puedan comprobar en un laboratorio, no significa que no fueran verdad. Pueden comprobarse por medio de un tipo distinto de evidencias.
Es el tipo de prueba presentada todos los días en los tribunales de justicia alrededor del mundo, y es el único tipo de prueba que se aplica a eventos históricos. Entonces, ¿cómo podrías comprobar que San Martín y Bolívar se dedicaron a lograr la independencia de naciones sudamericanas?
Si pudieras encontrar testigos oculares, los entrevistarías. Eso se llama “testimonio oral”. Juntarías copias de cartas que escribieron San Martín y Bolívar, de periódicos que reportaban sus actividades y libros acerca de ellos. Eso se llama “testimonio escrito”. Mostrarías objetos como sus espadas, fotografías de ellos y del lugar donde nacieron. Eso se llama “evidencia física”. Con ese cúmulo de evidencias, nadie tendría problema en creer en José de San Martín y Simón Bolívar.
Eso se denomina método de comprobación basado en “las evidencias” o en lo “histórico”, y es el método por el que podemos comprobar la resurrección de Cristo. No podemos obtener ninguna evidencia oral, porque no tenemos acceso a nadie que vivió en el siglo I. Pero tenemos en la Biblia las evi dencias escritas de los discípulos y la evidencia física de la tumba vacía.
Tu fe en Cristo no es ciega. No es necia. La vida y el ministerio de Jesús, sus milagros y su resurrección pueden ser comprobados, y de hecho lo han sido. Puedes estar seguro de lo que crees, ¡por las evidencias!
PARA DIALOGAR: ¿Qué le responderías a alguien que dice que no puedes comprobar las verdades de la fe cristiana?
PARA ORAR: Señor, gracias por darnos una fe de la que podemos estar seguros.
PARA HACER: A modo de repaso, pregúntense unos a otros hoy o mañana: ¿Cuáles son las tres clases de testimonio que cuentan para el método de comprobación basado en “las evidencias”?


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.


miércoles, 31 de octubre de 2012

¿Estás seguro de que estás seguro?

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¿Estás seguro de que estás seguro?

Lectura bíblica: 2 Timoteo 1:9–14

Yo sé a quien he creído, y estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 2 Timoteo 1:12

Ricardito tenía miedo de meterse en la cama a la noche. No se podía dormir por los pensamientos espeluznantes que le venían a la cabeza. Veía formas escalofriantes flotando por el cielo raso. Tenía miedo de que había monstruos escondidos en las sombras de su ropero. Le parecía oír que seres con gigantescos colmillos masticaban la pelusa debajo de su cama.
Créelo o no, algunos estamos obsesionados con preguntas espirituales aún más aterradoras. Nos preguntamos: ¿Soy realmente salvo? ¿Realmente ha cambiado algo en mi vida? Si soy salvo, ¿por qué no me siento distinto? O pensamos: A lo mejor no soy realmente salvo. Quizá no hice lo correcto para aceptar a Cristo.
Tema para comentar: ¿Alguna vez te preocupas de que no eres salvo?
Para Satanás, el enemigo de tu alma, cada día es una fiesta. Satanás está siempre ocupado, tratando de que tengas miedo de que la verdad no sea verdad y de hacerte dudar de tu salvación, de la verdad que realmente perteneces a Dios.
Las dudas son comunes. Pero el creyente no tiene que sentirse salvo para ser salvo, así como un millonario no tiene que sentirse rico para serlo.
En 2 Timoteo 1:12, Pablo dijo algunas cosas asombrosas de unas maneras interesantes. Dijo que “yo sé a quien he creído”, no sólo “en qué he creído”. Dijo también: “estoy convencido de que él es poderoso para guardar mi depósito”. Pablo no estaba basando su fe en hechos, sino en un amigo del que podía depender. Estaba confiando en el Dios que había dado pruebas de que era digno de confianza.
Cuando dudas si realmente eres salvo, lee Isaías 12:2 en voz alta y varias veces: “¡He aquí Dios es mi salvación! Confiaré y no temeré, porque Jehovah es mi fortaleza y mi canción, él es mi salvación”. Luego ora en voz alta esta oración basada en pasajes bíblicos:
Padre, tú eres el que me salva. Ayúdame a confiar en ti y a no tener miedo. Tú me das fuerza y me haces cantar. Ayúdame a acercarme a ti con un corazón sincero y una fe segura. Toma mi corazón y hazme saber con seguridad que el evangelio es verdad. Gracias por tu promesa de que te pertenezco a ti hoy y para siempre. En el nombre de Jesús te lo pido. Amén. (Ver Isaías 12:2; 1 Tesalonicenses 1:5; Hebreos 10:22).
PARA DIALOGAR: ¿Dudas alguna vez de que eres salvo? Dedica algo de tiempo a buscar los pasajes bíblicos adicionales mencionados en la lectura.
PARA ORAR: Señor, ¡gracias porque podemos confiarte nuestra vida ahora y siempre!
PARA HACER: Escribe la oración mencionada. Colócala donde puedas verla con frecuencia hasta que Dios te dé la seguridad de tu salvación.



McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

martes, 30 de octubre de 2012

La otra mitad del evangelio



[caption id="" align="alignnone" width="400" caption="la otra midad del evangelio"]peces[/caption]

Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo, porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Romanos 10.9–10

Es muy interesante meditar en las condiciones que Pablo establece para la salvación. Es marcada la diferencia con la «fórmula» que solemos usar para invitar a las personas a «recibir a Jesús en el corazón». En la mayoría de las presentaciones que hacemos del evangelio ponemos el acento en el hecho de que Cristo murió por nuestros pecados, pagando en la cruz el precio necesario para nuestra redención. La evidencia bíblica a favor de esta afirmación es abundante y contundente; no necesitamos presentar citas para justificar esta verdad. Lo que deseo notar, no obstante, es que la obra en la cruz es solamente una mitad del evangelio. La otra mitad del evangelio se centra en el evento más dramático de la historia: que Cristo fue levantado de entre los muertos y sentado a la diestra del Padre, desde donde reina hoy.
Cuando nuestro concepto del evangelio se centra exclusivamente en la cruz, terminamos relacionados con un Jesús histórico. El evento que nos libró del pecado ocurrió hace dos mil años, pero nos separa tanta distancia de aquella figura que caminó por los tierras de Palestina, que fácilmente se convierte en un sabio maestro que ilumina, desde la historia, nuestros pasos hoy. No podremos escapar, sin embargo, de la sensación de que estamos solos en la vida, cada uno tratando de lograr una victoria espiritual por su cuenta.
Note el marcado contraste que presenta el versículo de hoy. Pablo afirma que para ser salvos son necesarias dos cosas: en primer lugar, confesar con la boca que Jesús es el Señor. Es interesante que esta afirmación deba ser verbal y audible. Para la gente que vivía en el mundo del apóstol, declarar el señorío de alguien implicaba el reconocimiento de un amo sobre su vida. No era simplemente un gerente, un director o un guía. Era la persona que tenía derechos absolutos sobre la vida de la persona, para disponer de su tiempo y sus bienes como mejor le parecía. De más está decir que un muerto no puede enseñorearse de nadie. Por esta razón la confesión se centraba en el Cristo vivo.
La segunda condición para ser salvo se refería a creer, con el corazón, «que Dios lo levantó de entre los muertos». Note, una vez más, el énfasis en los eventos que ocurrieron después de la muerte de Cristo. Creer que fue levantado de la muerte conduce, automáticamente, a la conclusión de que ¡él vive hoy! Y esta es, en realidad, la verdadera esperanza de los que están en Cristo. «Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí» (Gl 2.20), declaraba el apóstol en Gálatas. La vida cristiana consiste en descubrir las maneras en que el Cristo resucitado obra y se relaciona conmigo en el mundo en el que me encuentro, a inicios del siglo XXI.


Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

lunes, 29 de octubre de 2012

La eficacia del amor

la eficacia del amorEn el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4.18

Un indicio de la forma incorrecta en que nos fue administrada la disciplina durante nuestra niñez es que hoy, de adultos, vemos toda disciplina con ojos negativos. En demasiadas ocasiones la disciplina que impone un padre sobre su hijo está contaminada con la ira, produciendo un efecto de castigo desmedido, en lugar de corrección y restauración. Como resultado el niño no desobedece, motivado mayormente por miedo. Si bien esta motivación puede ser medianamente eficaz durante la niñez, a medida que una persona va creciendo debería producirse un proceso de maduración en su ser interior que lleve a la obediencia por decisión propia, no impuesta.
El texto de hoy nos da una clara indicación de la razón por la cual este estado es deseable en los hijos de Dios. La obediencia por temor libra a la persona del castigo, pero carece del poder necesario para producir en su vida una transformación profunda.
Es importante que nosotros reconozcamos la clara diferencia que existe entre los dos caminos. En demasiadas congregaciones se intimida a las personas, por medio de una serie de amenazas disfrazadas de espiritualidad, para que obedezcan los deseos de los que están al frente del ministerio. Esto producirá, en un amplio sector de la congregación, suficiente temor como para garantizar actitudes de sumisión al liderazgo. Una minoría que se resiste a ser presionada de esta manera, cuestionará las intenciones de lo líderes y, con el tiempo, terminarán por irse de la congregación. El ambiente de temor en la congregación casi siempre llevará a que se tilde a este último grupo de «rebeldes».
Nuestro llamado principal no es asegurar la lealtad de la congregación a nuestra persona o a la institución a la cual pertenecemos. Hemos sido llamados a participar del ministerio de la transformación, que es la prioridad del Espíritu de Dios. Trabajamos y nos esforzamos para presentar a todo hombre «perfecto en Cristo Jesús» (Col 1.28). Es imposible llevar a cabo este cometido si los únicos instrumentos que utilizamos son la intimidación y el castigo. Esta era la herramienta preferida de los fariseos y toda una sociedad daba testimonio de la poca eficacia que tenía a la hora de producir cambios en la vida de las personas. Solamente un puñado de fanáticos podían realmente cumplir con la interminable lista de requisitos para ser «aceptables» delante de Dios.
Note, en el ministerio de Cristo, cuán eficaz era el amor. Logró la dramática transformación de un endurecido materialista como Zaqueo. Produjo el quebranto de una prostituta, despreciada y condenada, que se echó a besar sus pies en una cena pública. Trajo vida nueva a un puñado de guerrilleros cuyo idioma era el odio y la venganza. Ablandó el corazón de una mujer que había caído en adulterio. El amor es el instrumento más poderoso sobre la faz de la tierra y debe, por esta razón, ser el medio predilecto de todos aquellos que están sirviendo en el ministerio.

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.

miércoles, 24 de octubre de 2012

EL EVANGELIO CAMBIA TU VIDA

Banco de Imagenes Gratuitas

Los cristianos tenemos el honor y la responsabilidad de predicar el Evangelio del Señor Jesús y transformar el mundo con Su amor. ¡Trabajar en la construcción de una nueva humanidad!

Pero tengo que ser sincero: en distintas ocasiones me cuestioné si aquel no era más que un sueño irrealizable. Me preguntaba: -“¿Cómo lograr que el mundo conozca al Señor? ¿De qué manera podemos transformar la cultura? ¿Qué tengo que hacer para que mi vida sea un instrumento útil en las manos de Dios?” Y en mi búsqueda por encontrar las respuestas, llegó a mi conocimiento la conmovedora historia de Demetrio…

UN CORAZÓN VALIENTE

Eugenia y Demetrio se casaron a principios del siglo XX. Como miembros de la nobleza de Varsovia contaban con un excelente pasar económico, al que se sumaba la perspectiva de una herencia de bienes y tierras. Pero de un momento para el otro sucedió lo que menos esperaban: la Primera Guerra Mundial obligó a Demetrio a cumplir con su función de soldado de la corte; ello lo obligó a dejar a su esposa, que estaba embarazada, para ir al frente de batalla. Una vez allí cayó en una emboscada, y el ejército enemigo lo trasladó a un campo de concentración.

Dolor, tortura, hambre, enfermedad y muerte saturaban el aire de aquel lugar. ¡Demetrio había perdido toda esperanza de recuperar su vida! Pasaban los años, y al no recibir señales de su existencia, sus familiares lo daban por muerto. Incluso hasta los suegros le insistían a Eugenia que se casara para que la pequeña hija creciera con un padre a su lado.

Pero una noche –la peor de todas, durante el cuarto año del cautiverio– sucedió algo inesperado: una persona arrojó dentro del calabozo un pequeño ejemplar del Nuevo Testamento y desapareció inmediatamente sin dejar rastro alguno. Fue a partir de allí, bajo la tenue luz de la Luna, que Demetrio comenzó a entender el Evangelio por primera vez… ¡y al cabo de unas semanas rindió su vida a Jesucristo!

Luego de siete largos años, Demetrio y otros tres compañeros se escaparon del campo de concentración. No fue fácil, pero lo lograron. Bueno, no todos: dos de ellos fueron alcanzados por las balas enemigas y murieron en el intento. En su escape, Demetrio recorrió incontables kilómetros llenos de peligros, y finalmente pudo regresar a su país. ¡Qué indescriptible y emocionante reencuentro con Eugenia, su fiel esposa, quien siguió creyendo lo imposible! Y más importante aún: ¡Demetrio conoció a su pequeña hija de seis años!

Pero a pesar de todo, la alegría de su regreso no alcanzó para evitar otra guerra que estaba por comenzar. Los padres de Demetrio, enterados de que en su cautiverio había recibido a Cristo como Señor y Salvador, le dieron a elegir entre volver a la religión familiar y heredar su fortuna, o perderlo todo para siempre. Él no dudó ni por un segundo y respondió: -“¿Cómo podré negar al Único que me amó y me sostuvo con vida estos terribles últimos años?” Suficiente. Pocos meses después abandonó el país junto a su joven familia y emprendió un viaje sin retorno hacia América del Sur, donde comenzó de nuevo y vivió próspero y sano hasta los años dorados de la ancianidad.

Y, lo más emocionante para mí, fue descubrir que este gran hombre no fue otro más que Demetrio Czubarsky… ¡mi bisabuelo!

ENCRUCIJADAS Y DECISIONES

¡Hoy puedo disfrutar la vida eterna con Cristo en mi corazón gracias a que mi bisabuelo se jugó por Él! Alguien le predicó el Evangelio mientras estuvo preso y ¡jamás abandonó la fe revolucionaria en Jesucristo! Sin haberlo conocido en persona, su entrega al Señor influyó en el destino de mi vida, de modo que a mis cuatro años de edad –allá por 1981– tomé la misma decisión, ¡y constituyo la cuarta generación de cristianos en mi familia!

Sí, ya sé. Es más que probable que usted y yo no tengamos que enfrentar las tristezas de la guerra como lo hizo mi bisabuelo. Seguramente nunca experimentaremos en carne propia lo que siente un soldado cuando tiene que dejar a sus seres queridos para obedecer a su país y luchar contra otras personas.

Pero para poder llegar a servir al Señor de manera fructífera y con un fuego interno que nunca se apaga, todos los cristianos tenemos que llegar a la encrucijada de nuestras vidas y elegir el camino correcto. No hay autopistas rápidas, no existen atajos: hay que negar el yo, abrazar a Cristo y decidirse a transformar la humanidad con Su amor. Y para que esto sea posible tenemos que tomar decisiones valientes y audaces. ¿Cuáles?

DECISIÓN Nº 1: ¡Obedientes al Señor!

“Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos”. (Juan 14.15)

No dejemos que el legalismo, ese cúmulo de prácticas exteriores que no cambia la existencia ni transforma la sociedad, cautive nuestra vida. ¡Obedecer al Señor es algo superior! Es decidir amarlo incondicionalmente, pase lo que pasare, porque Él siempre quiere lo mejor para nuestra vida

Si queremos transformar el mundo, primero tenemos que experimentar la revolución interior y traspasar el mando de nuestra vida a Jesucristo, el Señor. Ningún cristiano puede lograr algo sin obediencia a Jesús.

DECISIÓN Nº 2: ¡Apasionados por Jesucristo!

Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”. (Mateo 28.19-20)

Hace un tiempo leí algo que me fascinó: Justo González, destacado historiador latinoamericano, escribió que a principios del año 400 d.C. muchos “monjes occidentales trataron de oponerse a las injusticias y crímenes de su tiempo. Símbolo de ellos es Telémaco, el monje que se lanzó a la arena en el circo romano y detuvo un combate de gladiadores. La multitud enfurecida y supuestamente cristiana, lo mató. Pero a partir de esa fecha, y en respuesta a la acción de Telémaco, los combates de gladiadores fueron prohibidos por el emperador Honorio”.*

Al igual que entonces, en nuestro día también necesitamos actuar con hechos que produzcan cambios profundos y duraderos. Ya sea que estemos al mando de una nación o simplemente seamos un número más para las estadísticas, como hijos de Dios somos responsables de la transformación de nuestra generación.

Refiriéndose a la pasión por Jesucristo y la evangelización, alguien dijo hace algún tiempo: -“Me dices que sí, que quieres. Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? ¿No? Entonces no quieres”.

¡Vivamos apasionados por Jesús, en santidad y búsqueda del Señor!

DECISIÓN Nº 3: ¡Sanos y libres!

Por eso, nosotros, teniendo a nuestro alrededor tantas personas que han demostrado su fe, dejemos a un lado todo lo que nos estorba y el pecado que nos enreda, y corramos con fortaleza la carrera que tenemos por delante”. (Hebreos 12.1)

Cuando era chico me lastimé muchas veces. Es más, ¡era el campeón de los golpes, moretones y lastimaduras! Apretarme los dedos entre dos asientos, herirme la frente contra la acera por salir corriendo distraído, clavarme una astilla en la mano, lastimarme la cabeza con el vértice de mármol de una estatua en la escuela y torcerme el tobillo jugando con mis amigos, son apenas algunos ingredientes de mi anecdotario.

Pero también en varias ocasiones tuve heridas en mi interior. Sueños frustrados, amigos que dejan de serlo, sentimientos encontrados al experimentar la injusticia, errores que acarrean consecuencias dolorosas y las decisiones de otras personas han sido elementos que me han lastimado, golpeado y causado moretones en mi alma.

Es necesario hacer algo más que dejar pasar el tiempo para que las heridas de nuestro interior sanen por completo. Un soldado herido no sirve para la guerra. Pero quien realmente está comprometido con la transformación espiritual sabe que puede seguir adelante y revolucionar el mundo, experimentando la continua sanidad que proviene del Señor.

No esperemos más para dejar cualquier pecado que quiera obstaculizar nuestra vida. No dudemos ni por un instante en mostrarle nuestras heridas al Señor Jesús. ¡Corramos a la gracia y seamos libres de todo lo que nos estorba para servir a Jesucristo!

DECISIÓN Nº 4: ¡Comprometidos con la Gran Comisión!

“Y esta buena noticia del reino será anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces vendrá el fin.” (Mateo 24.14).

Seguramente todos conocemos de memoria el famoso texto que está en Juan 3.16. Sin embargo… ¿recordamos qué dice 1 Juan 3.16? Me gusta denominarlo como el complemento del anterior: -“Conocemos lo que es el amor porque Jesucristo dio su vida por nosotros; así también, nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos”. ¡Es la explicación perfecta del efecto que causa el Evangelio en una vida redimida!

Es que Dios no envió un folleto lleno de palabras desde el cielo para hablarnos de su gran amor. Él vino y habitó entre nosotros en la persona de Jesucristo hombre. Y así también padeció, murió en la cruz y resucitó al tercer día, a fin de mostrar su amor con hechos más que con simples palabras.

Nuestro Señor obedecía en todo a su Padre, estaba comprometido con la misión, “recargaba” sus “municiones espirituales” gracias al contacto diario con Dios, estaba cien por ciento libre de todo pecado, ¡y sabía que el tiempo para cumplir su propósito era corto!

Hoy, en pleno siglo XXI, Él quiere que Sus hijos e hijas actuemos con hechos que impliquen sacrificio y entrega, pues de esta manera seremos protagonistas del comienzo de un nuevo mundo. Un revolucionario del Señor sabe que no dispone de mucho tiempo para realizar la tarea, y por eso decide vivir cada momento extendiendo su Reino.

¡PODEMOS CAMBIAR EL MUNDO!

“Pelea la buena batalla de la fe; no dejes escapar la vida eterna, pues para eso te llamó Dios y por eso hiciste una buena declaración de tu fe delante de muchos testigos”. (1 Timoteo 6.12)

Cristo quiere utilizarnos como revolucionarios en un mundo que se cae a pedazos. Mediante Su Espíritu Santo prometió darnos el poder necesario para vivir y enfrentar cada día de manera triunfante, sobreponiéndonos a los problemas, las tentaciones y al enemigo en la victoria de Cristo Jesús. El Señor nos ha llamado, como iglesia, a transformar nuestras comunidades mediante el mensaje del Evangelio. ¿Estamos dispuestos?

Mientras muchos pierden el tiempo en el pesimismo, la queja y el pecado, Jesucristo nos llama a ser diligentes, comprometidos con Él y diseñar nuestra vida en torno a la misión más grande que puede tener un ser humano: ¡transformar el mundo con las Buenas Noticias de salvación!

Juntos por los senderos del pensamiento y la espiritualidad, le saluda fraternalmente su amigo y hermano,

CRISTIAN FRANCO
Buenos Aires, Argentina

miércoles, 3 de octubre de 2012

Un error común

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Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer estas señales que tú haces si no está Dios con él. Juan 3.2

Es evidente que Nicodemo estaba inquieto por lo que veía en la persona de Cristo. Sus compañeros fariseos permanentemente buscaban la manera de desacreditarlo. Nicodemo, sin embargo, procuró hablarle a solas, tomando las precauciones necesarias para que no lo vieran.
La primera frase que pronunció el fariseo revela uno de los más comunes errores en nuestra cultura: creer que las buenas obras son una señal incuestionable de la presencia de Dios en la vida de una persona. Es una de las razones por lo que existe tanta confusión acerca de quiénes son verdaderamente los siervos de Dios entre nosotros. No pasa semana en la cual no converso con alguna persona que señala la abundancia de «señales» en algún ministerio, como clara evidencia de la operación del Espíritu en la vida de algún líder.
Debemos recordar que el enemigo también tiene poder para obrar milagros. Cuando Moisés se presentó delante del faraón y convirtió su vara en serpiente, los magos de la corte hicieron exactamente lo mismo. En Mateo 7.22 Cristo solemnemente advierte que en el día del juicio final se presentarán delante de él personas que le dirán: «Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?», ¡personas que él no conoce! ¡Cuán profundamente defraudados se sentirán al escuchar de la boca de Cristo que él los llama «hacedores de maldad»!
No obstante el contenido dramático de este texto, en veinticinco años de experiencia ministerial he visto al pueblo de Dios seducido una y otra vez por este concepto. Han desfilado por la iglesia un sin número de profetas, sanadores y hacedores de milagros. Deslumbrados por sus obras, no nos detuvimos a pensar que muchos de ellos no mostraban la verdadera señal de una persona consagrada a Dios, aquella señal que el diablo no puede imitar, ni falsificar. Cristo indicó que esta señal es la ÚNICA evidencia de la obra de Dios: haber nacido a una nueva vida por la exclusiva acción del Espíritu Santo.
Es la obra soberana del Espíritu la que produce en el ser humano un corazón regenerado que se manifiesta en actitudes completamente diferentes a la de las personas que viven en tinieblas. En esa vida se podrá ver claramente el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la benignidad, la bondad, la fidelidad, la mansedumbre y el dominio propio (Gl 5.22–23). La Palabra claramente señala que los hombres serán conocidos por estos frutos.


Para pensar:
¿Implica esto que todos los que obran milagros son indignos de nuestras confianza? ¡De ninguna manera! Dios ha dado a su pueblo acceso a todas las manifestaciones del Espíritu, incluyendo la posibilidad de obrar milagros, señales y prodigios. No debemos, sin embargo, mirar estas manifestaciones para evaluar si un ministerio es genuino, sino la vida de la persona que está detrás del ministerio. Los que caminan con Dios indefectiblemente tendrán perfume de cosas santas y se verá en sus vidas el mismo carácter del varón de Galilea.

martes, 2 de octubre de 2012

El misionero en el espejo

Sembradío de tulipanes holandeses - Tulips field
Lectura bíblica: 1 Corintios 9:16

Porque si anuncio el evangelio, no tengo de qué jactarme, porque me es impuesta necesidad; pues ¡ay de mí si no anuncio el evangelio! 1 Corintios 9:16

Nora creía que los misioneros eran señores pasados de moda, chapados a la antigua, hasta que conoció a Dan Barker. Un domingo a la mañana durante un festival misionero en la iglesia, Dan hizo arrancar el motor de su motocicleta clásica Harley–Davidson. Avanzó ruidosamente por el pasillo central para anunciar desde el frente que esa noche presentaría un mensaje interesante. Esa noche, vestido de ropa de cuero de pies a cabeza, Dan contó sus experiencias con motociclistas desde Alaska hasta Argentina con quienes había compartido las nuevas de Jesús.
De pronto, Nora se dio cuenta de que los misioneros podían ser personas fascinantes.
Los misioneros son personas como todas. Pero comprenden el mandato de Cristo a su seguidores: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).
Te convertiste en un misionero en cuanto confiaste en Cristo como tu Salvador. Eso no significa que tienes tomar el próximo vuelo a Tierra del Fuego. Lo que sí significa es que dondequiera que vayas y sea lo que sea que hagas, tus palabras y acciones ayudan a los demás a comprender mejor quién es Jesús.
Quizá te resulte difícil verte a ti mismo como un misionero. Dudas que seas lo suficientemente bueno, inteligente o espiritual. Si es así, recapacita en lo siguiente:

•      Dios te da el poder para hacer lo que te ordena hacer. El Espíritu Santo vive en ti, por lo tanto, tienes en ti todo lo que necesitas para la tarea.
•      Dios no espera que seas perfecto. Eres útil para Dios a pesar de tus fallas y fracasos.
•      Dios no te encarga la tarea de ser un misionero aislado. Eres sólo una parte de un mundo de creyentes. La tarea nos corresponde a todos.
•      Dios da los resultados. No depende de ti cambiar el corazón de nadie ni forzar a nadie a confiar en Cristo. Tú anuncias su mensaje a través de tus palabras y acciones, y él se hace cargo de los resultados en la vida de cada uno.

Eres enviado por Dios para anunciar las buenas nuevas de Jesucristo vayas donde vayas. Y has sido elegido como su representante a tus vecinos de al lado, tus compañeros de escuela y a la gente alrededor del mundo. ¡Qué privilegio maravilloso!
PARA DIALOGAR: ¿Qué te hace sentir saber que Dios te ha escogido para que seas su representante?
PARA ORAR: Señor, gracias por hacernos tus representantes. ¡Ayúdanos a creer que somos dignos del desafío!
PARA HACER: Habla hoy con alguien acerca de lo que Cristo ha hecho en tu vida.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

No mientas

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Lectura bíblica: Efesios 4:25

Por lo tanto, habiendo dejado la mentira, hablad la verdad cada uno con su prójimo. Efesios 4:25


Antonio estaba confundido. Creía que Julio y yo éramos amigos, pensaba. Si no quiere jugar, debiera decírmelo. Es la cuarta vez que me dice que falleció su tía Beatriz y que tiene que ir a su entierro.
Tema para comentar: ¿Tienes amigos que presentan excusas en lugar de decirte la verdad? ¿O que dicen mentiritas para esquivarse de hacer lo que no quieren hacer?
Julio podía haberle dicho a Antonio: “No tengo ganas de jugar”. O podría haber hablado sinceramente y decirle: “Prefiero no jugar porque siempre desordenas mi cuarto y después no ordenas nada, y no me gusta tener líos con mi mamá”. O podía haber sido absolutamente directo y decir: “Mira, la última vez que viniste atropellaste a mi perro con tu bici y pusiste tan nervioso a mi gato que se le cayó el pelo a los cinco minutos que te fuiste. ¡No me llames más!”.
Quizá puedas identificarte con Julio. Si tienes un amigo como Antonio, quizá te preguntes si no está bien decir alguna vez una mentirita. Pero eso sería igual que preguntar: “¿Qué tiene de malo si alguna vez pongo la mano en el fuego?” o “¿Qué tiene de malo si alguna vez me pongo en las vías cuando viene un tren a toda velocidad?” o “¿Qué tiene de malo comerme alguna vez el veneno para las ratas?”.
Decir la verdad es una de esas cosas absolutas, que siempre es correcto hacer. Es así porque Dios siempre dice la verdad. Nunca es correcto ni bueno mentir. Ni siquiera alguna vez. Ni siquiera un poquito.
A veces puede ser difícil decir la verdad. Pero hacer lo bueno es siempre bueno, aunque no sea siempre fácil.
A la larga, vivir de la manera que quiere Dios es mejor para ti y para todos. Aunque no lo creas, los que te rodean quieren que seas veraz con ellos. Si dices la verdad aun cuando te resulte difícil, los demás se quedarán admirados. Tus amigos, compañeros de escuela, familiares y vecinos creerán lo que dices.
Seguro, habrá ocasiones en que tendrás que decir: “No puedo contestar eso”, o “Prefiero no decirlo”. O quizá tengas que decirle a alguien simplemente: “Gracias por el regalo” sin decirle que no te gusta el color. Hazte la regla personal de siempre decir la verdad, pero decirla con amor (ver Efesios 4:15). Es muy probable que tu dedicación a decir la verdad motivará a otros a tu alrededor a ser también veraces.
PARA DIALOGAR: ¿Qué tal te va como chico veraz? ¿De qué manera puedes ser honesto y amable al mismo tiempo?
PARA ORAR: Señor, tú eres siempre completamente honesto con nosotros, pero eres también completamente amable. Ayúdanos a hablar tan sabiamente como hablas tú.
PARA HACER: Quizá te sientas perdido en una telaraña de mentiras que has estado diciendo por mucho tiempo. ¡Hoy puedes empezar a ser veraz!



McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

martes, 25 de septiembre de 2012

Planes de restitución

Cascadas del Paraíso - Paradise - 1920x1200Yo os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros. Comeréis hasta saciaros, y alabaréis el nombre de Jehová, vuestro Dios, el cual hizo maravillas con vosotros; y nunca jamás será mi pueblo avergonzado. Joel 2.25–26

Las profecías de Joel vienen a un pueblo que ha sufrido duras experiencias de pérdida. En una campaña militar tras otra, diferentes agresores destruyeron paulatinamente las ciudades y despojaron a los israelitas de su ganado, su cosecha y sus bienes materiales. Una serie de calamidades naturales, tales como plagas de langostas y períodos de intensa sequía, habían también diezmado los recursos del pueblo.
El pasaje de hoy nos da una clara y precisa descripción de los objetivos de Dios para con su pueblo. Revela que todas las circunstancias y los acontecimientos en la vida del ser humano están al servicio de los propósitos eternos. Él ordena todas las circunstancias para que cumplan una función espiritual y su mano está presente en todo.
Es importante que nosotros entendamos esto porque, en tiempos de calamidad, creemos que Dios se ha olvidado de nosotros o que la situación se le ha escapado de las manos. En la tormenta sobre el Mar de Galilea, por ejemplo, los discípulos despertaron a Jesús y le reprocharon que a él no le importaba lo que les estaba pasando. El Señor, sin embargo, no solamente conoce lo que está sucediendo, sino que él mismo es el que encausa los acontecimientos para lograr en nosotros ciertos cambios. En ningún momento deja de ejercer su soberanía absoluta sobre todos los elementos, pues él es Creador y dispone de todo como a él le place.
El segundo principio que vemos en el texto de hoy es que las calamidades, adversidades y dificultades tienen una «vida útil». Es decir, no han sido enviadas para atormentar indefinidamente al ser humano. Las dificultades han sido enviadas por un tiempo. Ni bien han cumplido con el objetivo divino, son quitadas y Dios restaura lo que se ha perdido. Este es un principio que vemos en diversos lugares en la Palabra. En la vida de Job, por ejemplo, cuando terminó la prueba Dios quitó la aflicción y le devolvió el doble de todo lo que había perdido (Job 42.10). José, luego de sus años de esclavitud y prisión, alcanzó las más altas esferas gubernamentales, con todas las riquezas del país a su disposición. Cuando Cristo terminó su confrontación con el diablo en el desierto vinieron ángeles a él que le ministraban (Mt 4.11).
El cumplimiento de este principio revela el corazón tierno de Dios, cuyo deseo principal es bendecir y prosperar a sus hijos. No necesitamos rogarle que nos bendiga porque él está deseoso de hacerlo. Cuando ha terminado de probarnos, automáticamente restituye y multiplica su favor sobre nuestras vidas. Como observa el salmista, «porque por un momento será su ira, pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro, y a la mañana vendrá la alegría» (30.5).

Para pensar:
¿Cómo reacciona a la disciplina de Dios? ¿Qué elementos le advierten que el Señor intenta disciplinar su vida? ¿Cómo puede descubrir el propósito de la disciplina del Señor?

jueves, 20 de septiembre de 2012

Libre de soledad

HAZ CLICK PARA ENTRAR Y VER MAS FOTOSLectura bíblica: Colosenses 3:12–15

Vestíos de profunda compasión, de benignidad, de humildad, de mansedumbre y de paciencia. Colosenses 3:12


Cuando Ignacio pasó de la primaria a la secundaria, los amigos de la primaria se desparramaron por distintas escuelas. Rara vez los veía y su única esperanza de verlos era después de la escuela, pero aun así, ya no se sentía cerca de ellos porque tenían cada vez menos en común. Se sentía cada vez más distanciado de ellos y no encontraba nuevos amigos. Ignacio empezó a sentir que su soledad era una condena a cadena perpetua.
Aun si nunca tuviste que cambiar de escuela, quizá has estado en alguna situación fea en que te sentiste como Ignacio. Pensaste: Nunca tendré amigos de verdad. O pensaste: Supongo que no merezco que nadie me quiera.
No tienes por qué quedarte atrapado en tu soledad. Aunque te sientes condenado a cadena perpetua, puedes librarte de tu “condena” y vivir en un mundo de buenos amigos.
Tema para comentar: ¿En qué ocasiones te has sentido solo? ¿Qué hiciste para resolver tu situación?
La próxima vez que estés atrapado en un cárcel sin amigos, sigue estas sugerencias:
Examínate honestamente. Examina honestamente tu vida. ¿Estás haciendo algo que causa que los demás se alejen de ti?
Consigue ayuda. No tienes que anotarte para tomar lecciones sobre cómo ser encantadora o cómo ser irresistible, pero eso no quiere decir que no te puedas apoyar en alguien para que te muestre el camino. Ignacio se encontró con que su hermano mayor podía darle algunos consejos que lo ayudaron a mejorar como amigo. Y su apoyo lo ayudó a saber que no estaba enfrentando solo su problema.
Sé realista. Tratar de adaptarte al grupo de chicos populares por lo general te hace sentir peor. ¡Determina si estás buscando un amigo o que te crean “alguien”!
Sé amistoso. La cuestión no es tanto conseguir amigos como ser amigo. Ignacio decidió concentrarse en ser afectuoso con los demás en lugar de tratar de convencer a todos para que fueran afectuosos con él.
Ignacio encontró nuevos amigos cuando empezó a acercarse a otros que habían sido marginados. Resultó ser que estos chicos que había considerado fracasados habían sido tan injustamente marginados como él. Sus nuevas amistades no surgieron de la noche a la mañana. Pero fueron posible porque Ignacio tomó pasos pequeños y planeados hacia la formación de nuevas amistades.
PARA DIALOGAR: ¿Qué tal te va con tus amistades? ¿Cómo puedes obtener amigos por ser un amigo?
PARA ORAR: Señor Jesús, ayúdanos a ser la clase de amigos que has sido tú con nosotros.
PARA HACER: A la mayoría le gustaría tener más amigos. ¿Qué te gustaría hacer hoy para ser un mejor amigo para alguien?

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Superamigo



Lectura bíblica: Proverbios 18:24
Hay amigos que uno tiene para su propio mal, pero hay un amigo que es más fiel que un hermano. Proverbios 18:24


Marisa se siente rechazada. Ella y Victoria fueron mejores amigas todo el verano. Se hicieron muy amigas en un campamento. Después, pasaban la noche a veces en la casa de una y otras veces en la casa de la otra. En la Escuela Bíblica de Vacaciones eran inseparables.
Pero cuando se acabó el verano, su amistad se fue a pique. En la escuela, la iglesia, el club o de paseo con otras chicas, Victoria trataba a Marisa como si no la conociera.
No todos los amigos se portan mal como Victoria. Si alguna vez te ha pasado lo que le pasó a Marisa, sabes lo maravilloso que es tener un amigo del que puedes depender. Por más maravillosas que sean algunas amistades humanas, contamos con una amistad tan absoluta que sobrepasa y sobrevive a todas las demás. Es nuestra amistad con Jesucristo quien ha prometido estar con nosotros para siempre (ver Mateo 28:20).
Tema para comentar: ¿Cómo es que Jesús es el amigo perfecto? ¿En qué sentido es distinta la amistad que él ofrece a cualquier amistad con un amigo cristiano o un familiar?
Fíjate en estas verdades acerca de tu amigo perfecto:
Jesús es un amigo de tiempo completo. Siempre está a tu disposición. No te trata de una manera cuando están solos y de otra manera cuando están con otros.
Jesús es un amigo incondicional. Siempre te perdona cuando le fallas. Se aferra a ti no importa lo que pase en tu vida.
Jesús es un amigo de quien puedes depender. No tienes que temer que se burle de ti, que te abandone o que cuente tus secretos. Y sus promesas son aún más seguras que el hecho de que el sol saldrá mañana.
Jesús es un amigo profundo. Nunca es superficial ni trivial. Quiere una relación contigo que te cambie la vida. Te trata con amor y respeto cuando le abres tu corazón. ¡Demuestra un amor intenso y personal por ti!
Cuando Jesús caminó en la tierra, no era rígido ni orgulloso. La gente común no se cohibía cuando se acercaba. No tienes que hacerte el superespiritual para que te dé su atención. Sé con él tal cual eres, y él será contigo tal cual es.
En Jesús tienes un gran amigo incondicional y fiel. Cultiva tu amistad con él todos los días, y tendrás la clase de amor que dura para siempre.
PARA DIALOGAR: ¿Has hecho de Jesús tu mejor amigo? ¿De qué manera notas que eso afecta tu diario vivir?
PARA ORAR: Señor Jesús, haz que nuestra amistad contigo sea la mejor y más importante amistad de todas.
PARA HACER: ¿Sucede alguna vez que tu amistad con otras personas te quita tiempo para tu amistad con Jesús? ¿Te gustaría dedicarle algo de tiempo hoy?



McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

martes, 18 de septiembre de 2012

Señor del momento

Yate de súper lujo Navetta 33 - Luxury yacht Ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas,porque el viento era contrario. Pero a la cuarta vigilia de la noche, Jesús fue a ellos andando sobre el mar. Mateo 14.24–25

Los discípulos, que habían recibido instrucciones del Señor en cuanto a pasar a la otra ribera del mar, probablemente emprendieron su viaje al atardecer. El pasaje claramente nos dice que Jesús estaba solo cuando llegó la noche. El Mesías llegó hasta ellos en algún momento, durante la cuarta vigilia, el período que se extendía entre las tres y las seis de mañana. Podemos, entonces, estimar que habían pasado al menos nueve horas en el agua, intentando realizar un viaje que normalmente duraría apenas una hora.
Imagine usted cuál puede haber sido el estado de los discípulos en ese momento. Físicamente estarían sumamente cansados. A la fatiga de estar batallando contra el feroz viento que no les permitía avanzar se le sumaría el cansancio de toda una noche desvelados. Y esto venía después de un día de intenso ministerio con emociones fuertes y encontradas.
¿Cómo se sentirían los discípulos? ¿Cómo se hubiera sentido usted en esta situación? Estaban acostumbrados a que Cristo siempre proveyera las directivas y las palabras necesarias para orientar sus vidas en tiempos de dificultad. Pero Cristo no estaba con ellos. Seguramente algunos de ellos se preguntaba por qué se le había ocurrido al Maestro enviarlos solos. ¿Acaso no se dio cuenta de que se avecinaba un fuerte viento? ¿Es que no le importaba lo que le pasara a ellos? ¿Por qué había permitido que esta situación sucediera? Además, ¿cómo iba a hacer él para alcanzarlos luego?
Mientras tanto, la Palabra dice que Jesús había subido al monte para orar. Había sólo un monte en esa zona y desde su cima se podía ver todo el mar de Galilea. Lo más probable, hablando desde un plano netamente humano, es que durante gran parte de la noche la barca de los discípulos fuera visible sobre la superficie de las aguas. Podemos suponer, además, que en su espíritu Cristo conocía la situación por la que atravesaban los discípulos. No obstante, permitió que avanzara la noche sin que él interviniera ni se moviera del lugar donde estaba. Para cualquier observador, la actitud de Jesús tendría toda la apariencia de una indiferencia muy poco comprometida con las personas que decía amar.
¡Verdaderamente los caminos de Dios no son nuestros caminos! El Señor, sin duda, quería enseñarles algo y por esta razón se abstuvo de intervenir. Nuestra intervención para socorrer a los que están en tiempos de angustia, no siempre es lo más aconsejable. A veces, es necesario que la persona se fortalezca en medio de la crisis. En otras circunstancias, es bueno que la persona se dé cuenta de cuán limitados son sus recursos. Sea cual sea la situación, Dios viene a nosotros en el momento justo, en el tiempo perfecto para que le saquemos el máximo de provecho a la situación que estamos viviendo.


Para pensar:
A veces parece que él se ha olvidado de nosotros, pero Dios observa todo desde un lugar que le permite una mejor perspectiva que la nuestra. No se desespere. Cuando sea el momento justo, vendrá a usted del modo menos esperado.

martes, 11 de septiembre de 2012

¡A divertirte!

http://2.bp.blogspot.com/-xc4UEBZvFNo/UEgaWUUa4hI/AAAAAAABGjw/_dAwVSsuDB8/s1600/Starfish%2Band%2Bseashells%2Bat%2Bthe%2Bbeach-recuerdos-de-mis-vacaciones-por-la-playa-de-arenas-blancas.jpgLectura bíblica: Proverbios 1:10–16

Hijo mío, si los pecadores te quisieran persuadir, no lo consientas. Proverbios 1:10 —

Ya lo creo que lo es —dijo con sarcasmo Tito—. Seguir a Jesús es divertido. La iglesia parece taaaan cautivante. ¿Y ser bueno todo el tiempo? Eso debe ser lo máximo en diversión. La mayoría de los chicos que Juan Carlos invitó a la iglesia aceptaron su invitación. Y muchos de ellos coincidieron en que la iglesia es un lugar bueno para estar, ¡y que seguir a Cristo es grandioso! Pero Tito tenía una actitud muy distinta. Daba por hecho que las únicas personas interesadas en obedecer los mandatos de Dios eran viejas malas con el pelo tirado para atrás y atado en un rodete. Tito parecía pensar que la meta más grande de Dios era quitarle toda la diversión a la vida. Tema para comentar: ¿En qué ocasión te ha tratado de decir alguien que seguir a Dios —o hacer lo bueno— te arruina todas las diversiones? Quizá algún día Tito cambie de idea. Pero Dios sabe quiénes son los que realmente arruinan las diversiones. En tres breves versículos en el primer capítulo de Proverbios —el libro de la Biblia sobre sabiduría— aprendemos que los pecadores son los que realmente le quitan el placer a la vida. Es probable que no conozcas a nadie que realmente acostumbre a golpear a personas inocentes como la pandilla sanguinaria descrita en Proverbios 1. Pero notarás mucho parecido con lo que todos los pecadores dicen cuando tratan de arrastrarte al pecado. Fíjate en estas frases que parecen tan inofensivas: • “¡Ven con nosotros!”. • “¡Esto no le hace mal a nadie!”. • “¡Fíjate en las cosas magníficas que conseguiremos!”. • “¡Te garantizamos que te vas a divertir!”. Esos pecadores no son muy inteligentes. La diversión de ellos les arruina su propia vida y, empecinados en destruir a otros, terminan destruyéndose ellos mismos. Como dice Proverbios 1:18: “Pero ellos ponen acechanzas a su propia sangre; a sus propias vidas ponen trampa”. El salmista dice que Dios se encarga de los que creen que el pecado es el camino al éxito: “Ciertamente los has puesto en deslizaderos, y los harás caer en la decepción” (Salmo 73:18). ¡Eso no suena muy divertido! Dios habla por boca de Salomón para darte algunos consejos claros cuando alguien trata de convencerte de que pecar es buena idea: “Hijo mío, si los pecadores te quisieran persuadir, no lo consientas” (Proverbios 1:10). La intención de Dios no es impedir que te diviertas. Su sabiduría tiene la meta de mostrarte un camino hacia lo auténticamente divertido. Dios no es el mata diversiones. Él es el dador de diversiones.

PARA DIALOGAR: ¿Cómo sabes que Dios, con sus reglas, quiere darte una vida buena, no una vida infeliz?

PARA ORAR: Señor, gracias por establecer límites que nos guían hacia la buena vida. Tú nos mantienes a salvo y felices.

PARA HACER: ¿Tienes algún amigo que cree que la meta de Dios es quitarle toda la diversión en la vida? ¡Cuéntale la verdad acerca de esto!

lunes, 10 de septiembre de 2012

“Todos” no siempre significa “todos”

Lectura bíblica: Daniel 1:6–15

Pero Daniel se propuso en su corazón no contaminarse con la ración de la comida del rey ni con el vino que éste bebía. Daniel 1:8


Nicolás llegó a casa de la escuela con una invitación para ir a la casa de Roberto para andar en su bicicleta motocross por unas sendas especiales para ese fin en el bosquecillo detrás de la casa de éste.
—Tengo que ir ahora, mamá —insistió—. ¿Me puedes llevar? Los chicos se van a encontrar allí en un ratito.
—Nicolás, ya te he dicho que no —repitió la mamá.
—Por favor, mamá —rogó Nicolás—. Todos los chicos van.
—No me importa cuántos de tus amigos van. No quiero que vayas a la casa de ningún amigo cuando no hay ningún adulto. Y punto.
Nicolás estuvo furioso toda la tarde y la noche, hasta que habló con Roberto el lunes. Resultó que sólo a uno de los muchachos lo habían dejado ir. Pero había otra novedad. El chico que fue se había caído de la bici y se había roto la muñeca. Y como no había ninguna persona mayor, Roberto tuvo que llamar una ambulancia.
Nicolás había caído en la trampa de creer eso de “todos lo hacen”. ¡Qué mentira! Mucho menos chicos hacen cosas inapropiadas de lo que tú piensas.

•      Todos no están fumando. Las encuestas muestran que más del 70 por ciento de los estudiantes de secundaria (preparatoria) no fuman regularmente.
•      Todos no beben bebidas alcohólicas. Más del 50 por ciento de los estudiantes encuestados dijeron que no habían bebido en los últimos 30 días. Más del 20 por ciento dijeron que nunca han bebido.
•      Todos no andan en drogas. Por ejemplo, casi el 50 por ciento de todos los jóvenes norteamericanos rechazan las drogas ilícitas en la secundaria (preparatoria).
•      Todos no están perdiendo su fe en Dios. En un estudio realizado recientemente por el Grupo de Investigación Barna, el 65 por ciento de los jovencitos manifestaron que querían tener una relación estrecha con Dios*.

Los chicos muchas veces usan el cuento de que “todo el mundo lo hace” para manipular a sus amigos y a sus padres. ¡No lo creas! Y si todos realmente “lo hacen”, eso no significa que tú también tengas que hacerlo. Puedes ser como Daniel y sus tres amigos. No cedieron ante la presión de conformarse a lo que los demás hacían y, como resultado, Dios los bendijo.
* Josh McDowell y Bob Hostetler, Convicciones más que creencias (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2003), p. 18.
PARA DIALOGAR: ¿De qué manera te mantienes firme cuando los demás te presionan para que te conformes a lo que ellos hacen?
PARA ORAR: Señor, danos valentía para resistir aquello de “todos lo hacen”.
PARA HACER: Prometan llamarse mutuamente la atención —chicos o adultos— cuando tratan de usar el argumento “todos lo hacen”.

sábado, 8 de septiembre de 2012

¿Quién es el más importante?

20 imágenes bonitas para ver, disfrutar y compartir

Lectura bíblica: Mateo 20:20–28

Cualquiera que anhele ser grande entre vosotros será vuestro servidor. Mateo 20:26


Piensa a ver si te gustaría llegar a ser algún día una líder como la señora Romano.
La señora Romano es una mujer de negocios con un puesto gerencial importante en su compañía. Desprecia a todos los que considera menos importantes que ella, prácticamente todo el mundo. Cuando entra su asistente a la oficina, la señora Romano le grita furiosa sus órdenes usuales:
—Haga venir a ese idiota de Pérez, y dígale a Alicia que…
Se detiene en el medio de la frase al ver la cara de alarma de su asistente, quien le dice:
—Llamó la señora de la guardería que cuida a su hija. Daniela ha desaparecido.
La señora Romano toma su teléfono celular y llama a la señora de la guardería, la bombardea con preguntas mientras sale a toda carrera de la oficina. Se sube como un bólido a su auto de lujo, y sale volando para la guardería. Si algo le pasa a Daniela, me muero. No se detiene en el semáforo rojo. ¿Y si no la encuentro? piensa aterrada.
Cerca de la guardería, ve un guardia de tránsito en la intersección que le hace una señal para que pare, y pisa a fondo el freno. Está a punto de estallar de furia. El viejo guardia ha estado ayudando a los chicos a cruzar esa calle durante años y la señora Romano siempre lo ha considerado un viejo insignificante. Y ahora, obligándola a parar, le está haciendo perder un tiempo precioso.
La señora Romano abre la boca para gritarle, luego nota en sus brazos una nenita, ¡es Daniela! El viejo guardia la había encontrado en el parque y la estaba llevando de vuelta a la guardería. La señora Romano abre volando la puerta del auto y corre histéricamente hacia el hombre. Toma a su hijita de tres años y la abraza, llorando de felicidad y agradecimiento. La señora Romano, la poderosa ejecutiva, de pronto se siente muy pequeña. Y el viejo guardia a quien antes consideraba insignificante, es para ella muy importante.
Tema para comentar: ¿Qué opinas de la señora Romano?
La señora Romano es “egotista”, alguien que se ve como el centro del universo. Pone sus intereses antes de los de todos los demás, pensando: Olvídate de todos los demás. Mientras le saque toda la ventaja posible a la vida, seré feliz. Pero la vida no es así. Seguir esa estrategia puede hacerlo rico o poderoso a uno, pero también lo deja amargado y solo.
Jesús enseñó que tú y todo el resto de los seres humanos son inmensa e igualmente importantes para Dios. Reconocer el valor de todos los que te rodean no interfiere con tu felicidad. Produce felicidad.
PARA DIALOGAR: ¿Qué piensas de Dios quien nos considera valiosos a todos?
PARA ORAR: Señor, ayúdanos a tratar a todos los que nos rodean como personas que son importantes para ti.
PARA HACER: ¿A quién has despreciado en el pasado? ¿Qué quieres hacer hoy para demostrar el valor de esa persona?



McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.

estudio de radio

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