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viernes, 28 de diciembre de 2012

Evangelio de agresión

Gato montés en su hábitat naturalAl ver esto, Jacobo y Juan, sus discípulos, le dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces, volviéndose él, los reprendió diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois, porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Lucas 9.54–55

El ser humano nunca se ha caracterizado por la capacidad de tolerar a quienes ven las cosas de forma diferente a él mismo. La intolerancia puede degenerar en actos de discriminación en la escuela, el trabajo o la sociedad. Cuando es llevada a sus más detestables extremos produce homicidios y guerras, los cuales no hacen más que revelar cuán alejado está el hombre caído del espíritu bondadoso del Dios que lo ha creado. Tales actitudes, aunque lamentables, no deben sorprendernos.
Sí debe asombrarnos, sin embargo, cuando la intolerancia se instala en el seno de la iglesia, la representante visible de la gracia extendida del Padre hacia un mundo caído. Jesús, camino a Jerusalén, había enviado a algunos de sus discípulos a que le prepararan un lugar en las aldeas por las que pasaba. En uno de estos poblados, entre los samaritanos, se le negó hospitalidad. La respuesta hostil de la gente de la zona provocó en los discípulos la respuesta que leemos en el texto de hoy.
Debemos observar que los discípulos se estaban valiendo de un precedente bíblico para la desatinada propuesta que elevaban al Señor. No entendían que el espíritu con que Elías enfrentó a los profetas de Baal era enteramente diferente al que ellos desplegaban en este momento. En aquella ocasión, el profeta confrontaba a un grupo de religiosos que servían para perpetuar la idolatría de toda una nación. En esta oportunidad, las personas simplemente no estaban dispuestas a extenderle una bienvenida a Cristo. El hecho es que una respuesta tan trivial despertó en los discípulos los deseos más desenfrenados de venganza.
Jesús señaló que ellos no sabían aún a quién estaban sirviendo, pues estaban claramente desalineados con los deseos del Hijo de Dios, que no vino a traer condenación sino vida. Esta es la esencia del evangelio, la cual no siempre hemos sabido captar correctamente. Si recordáramos cuánta paciencia ejerció el Señor con nosotros antes de que aceptáramos su invitación a unirnos a su familia, nos ayudaría a ser más misericordiosos con otros. La conversión es más un proceso que un momento, y la herramienta que más acerca a los hombres a esta experiencia es el amor.
Es precisamente esta falta de amor lo que muchas veces no produce mayor convicción en las personas con quienes compartimos el evangelio. Ellos perciben que si no aceptan el evangelio, recibirán nuestra condenación. Entienden que no es un amor puro lo que nos mueve y por eso no conseguimos tocar sus corazones. El rechazo inicial, sin embargo, podría ser la oportunidad preciosa que Dios nos está dando para perseverar en esa obra de amor. De seguro que les llamará la atención a ellos cuando vean que nosotros los seguimos amando, crean o no crean en las buenas nuevas que les anunciamos. Quizás esto, más que nuestra elocuencia, los lleve a eventualmente reconciliarse con el Señor.


Para pensar:
«La bondad es algo que los sordos oyen y los ciegos ven». J. Blanchard.

domingo, 23 de diciembre de 2012

El pecado de Sodoma

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Vivo yo, dice Jehová, el Señor, que tu hermana Sodoma y sus hijas no han hecho como hiciste tú y tus hijas. Esta fue la maldad de Sodoma, tu hermana: soberbia, pan de sobra y abundancia de ocio tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del necesitado. Ezequiel 16.48–49

Resulta de mucho provecho leer los comentarios que hacen diferentes autores de la Biblia sobre eventos históricos. Muchas veces añaden a nuestra perspectiva alguna dimensión que no encontramos en el relato original de los eventos. Tal es el caso del Salmo 78, por ejemplo, que nos provee un comentario sobre la salida de los israelitas de Egipto y su conflictivo paso por el desierto. Del mismo modo, en el texto de hoy, encontramos un interesante comentario sobre la destrucción de Sodoma, que complementa el relato original de Génesis.
Si yo pudiera preguntarle a una persona dentro del ámbito de la iglesia cuál fue la razón por la que Dios destruyó las ciudades de Sodoma y Gomorra, estoy seguro que la mayoría me daría una respuesta similar: El Señor terminó con aquellos dos poblados por causa del profundo deterioro moral en el que habían caído, con prácticas sexuales que aún hoy resultan detestables.
Esta decadencia es lo que estaba a la vista, pero el profeta Ezequiel ni siquiera la menciona en el texto de nuestro devocional. Creo que la razón es clara: las prácticas abominables en que habían caído no eran la causa de su problema, sino el síntoma. Es decir, la entrega desenfrenada a una vida de placer era el resultado de otras falencias mucho más serias, las cuales están mencionadas en este pasaje. El profeta identifica cuatro aspectos de la vida de los habitantes de aquellas ciudades, que nos dan interesantes pistas acerca de la esencia del problema que enfrentaban.
En primer lugar, afirma que ellos tuvieron abundancia de pan. Hemos de entender por esto que Dios los bendijo abundantemente con bienes materiales; gustaron de la prosperidad como fruto del trabajo de sus manos. Junto a la prosperidad, sin embargo, llegaron dos actitudes típicas de los que mucho tienen: la soberbia y el ocio. El orgullo es el resultado de creer que lo que hemos conseguido ha sido por la astucia y las habilidades propias. No existe ningún reconocimiento de la bondadosa provisión del Altísimo en ese estado de bienestar que disfrutamos. El ocio resulta cuando se tienen tantas riquezas que ya no hace falta trabajar para seguir ganándose el pan de cada día. La persona comienza a buscar la forma de divertirse, gastando la abundancia que posee.
Ezequiel señala que no siguieron el camino que Dios desea para aquellos que han alcanzado la prosperidad, que es bendecir a los que no tienen. Los habitantes de Sodoma no se ocuparon del afligido ni del necesitado. De este modo, queda al descubierto el verdadero problema de ellos: no supieron administrar con sabiduría todo lo bueno que habían recibido de la mano del Señor. Habiendo rechazado la inversión en otros, se volcaron hacia una vida de egoísmo absoluto.

Para pensar:
Dios nunca bendice exclusivamente para nuestro bienestar. Lo que recibimos tiene un destino comunitario, y deber servir para bendecir la vida de muchos. Esta es la esencia de nuestro llamado.

 

martes, 18 de diciembre de 2012

No te conformes con menos

Lectura bíblica: 1 Juan 4:7–12


El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8




Pregúntale a amigos o parientes mayores si se acuerdan de una vieja canción que decía que la infatuación y el matrimonio iban juntos como un caballo con una carreta. Te dirán que es el amor —no alguna infatuación— y el matrimonio lo que van juntos. Pero en el diario vivir, muchos los confunden. Entonces, ¿cuál es la diferencia?

Infatuaciones son cuando las chicas se babean por los chicos. Es cuando los chicos le dan un puñete cariñoso a las chicas en el brazo. Quizá no confundirías esos sentimientos melosos con el verdadero amor. Pero fíjate en las enormes diferencias entre una infatuación y el verdadero amor.

Infatuación

Verdadero amor

Comienza y termina súbitamente

Sigue aumentando a medida que pasa el tiempo

Sigue superficial

Se profundiza

Altibajos emocionales

Un compromiso que se mantiene firme

Enamorado del amor

Enamorado de una persona

Rompe las relaciones cuando se irrita

No se da por vencido cuando aparece un problema

Se enfoca en lo físico

Se enfoca en el carácter

Toma

Da

Mis sentimientos

Las necesidades del otro

Centrado en sí mismo

Se autocontrola

Atracción física ante todo

Atención emocional y espiritual ante todo

Espera encontrar felicidad

Espera poner todo de su parte para lograr felicidad

Pregunta: “¿Qué tal me va?”

Pregunta: “¿Qué tal te va?”

Acepta si el otro reúne ciertas condiciones

Acepta incondicionalmente

Cree que la otra persona es perfecta

Ve los puntos fuertes y los débiles

Ignora los problemas

Encara los problemas para resolverlos


¡Cuántas diferencias! Las infatuaciones se esfuman. Pero el amor verdadero perdura. Aunque una amistad entre una chica y un chico no culmine en el matrimonio, el verdadero amor sigue amando.

Esas características del amor, ¿te hacen pensar en alguien? Debieran hacerlo, porque reflejan las características del amor de Dios por ti. Tú eres todos los días el objeto de ese amor generoso e incondicional. Y cuando comienzas a poner en práctica esas características en tus relaciones humanas, eres un reflejo del amor de Dios.

PARA DIALOGAR: Contesta en tus propias palabras: ¿Cuál es la diferencia entre una infatuación y el verdadero amor?

PARA ORAR: Señor, ayúdanos a expresar el verdadero amor a los que decimos querer.

PARA HACER: Es probable que hayas sido testigo de infatuaciones de chicos y chicas. Quizá te has sentido presionado a tener un “amorcito”. ¿Te parece que te conviene hablar con mamá o papá sobre eso?


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.





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jueves, 13 de diciembre de 2012

Llena tu copa

lectura Lectura bíblica: Efesios 5:15–20


Sed llenos del Espíritu. Efesios 5:18


El proceso básico para recurrir al poder del Espíritu Santo para tu vida diaria no es tan distinto a llenar una copa con tu refresco favorito. Por si acaso no has pensando en la técnica, tienes que hacer tres cosas indispensables: (1) Asegúrate de que la copa está en el lugar preciso donde vas a echar la bebida, (2) asegúrate de que le sacaste la tapa a la botella y (3) una vez que inclinas la botella y empieza a salir la bebida, tienes que estar listo para tener desbordantes burbujas.


Dios te diseñó para ser lleno del Espíritu Santo y ser guiado por él. Del mismo modo en que debes seguir esos tres pasos para servirte tu refresco, necesitas tres pasos sencillos para aprovechar mejor al Espíritu en tu vida.


1. Colócate en el lugar preciso por medio de confesar tus pecados (ver 1 Juan 1:9). El Espíritu Santo no te puede llenar y guiar cuando prefieres vivir apartado de Dios. Cada vez que te das cuenta de que has desobedecido a Dios, admite que lo que hiciste fue malo. Al arrepentirte le das gracias porque ya tienes su perdón porque Cristo pagó por tus pecados con su muerte en la cruz.


2. Saca la tapa, o sea, cree que Dios te llenará con su Espíritu y te guiará por medio de él. ¿Qué necesitas hacer para ser lleno del Espíritu Santo? Primero, entrega cada aspecto de tu vida a Dios (ver Romanos 12:1, 2). Dile: “Señor, es todo tuyo: mis hobbies, deportes, amigos, estudios y anhelos, son todos tuyos”. Pídele a Dios que sea tu jefe en cada área. Luego pide que el Espíritu Santo te llene. El Espíritu Santo es un regalo gratuito, no tienes más que pedirlo. Cuando le dices a Dios que quieres que te llene, Dios promete contestar (ver 1 Juan 5:14, 15).


3. Mantén vivas las burbujas de su poder por medio de andar en el Espíritu. Llenarse no es algo que sucede una sola vez. El que confíes en Dios para que te llene de su Espíritu no significa que nunca vas a fallar por falta de fe o por tu desobediencia. Cuando fallas, arrepiéntete, confiésalo inmediatamente y vuelve a Dios.


Es más, ¡Dios te vuelve a llenar la copa gratuitamente! Pídele una vez más que te llene, y confía que lo hará. Luego fortalece tu fe orando y estudiando la Palabra de Dios (ver Romanos 10:17). Sí, tienes que estar listo para encarar los conflictos espirituales del mundo, de la carne y de Satanás. Y si respondes a los conflictos recurriendo al Espíritu de Dios que obra en ti y por medio tuyo, saldrás vencedor. Ponte en el lugar preciso. Saca la tapa. Luego, ¡prepárate para que Dios te llene hasta desbordarse!


PARA DIALOGAR: ¿Captaste los tres pasos? ¿Cuál paso quiere Dios que tomes para dejar que su Espíritu llene tu vida?


PARA ORAR: Señor, anhelamos que tu Espíritu nos llene. Danos todo lo que necesitamos para andar cerca de ti toda la vida.


PARA HACER: Confecciona un cartel de estos tres pasos para que te llene el Espíritu. ¡Colócalo donde puedas verlo!


McDowell, J., & Johnson, K. (2005). Devocionales para la familia. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.


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martes, 11 de diciembre de 2012

El antilíder

25 fotografías nuevas, que parecen antiguas o viejasSe levantaba Absalón de mañana y se ponía a un lado del camino junto a la puerta, y a cualquiera que tenía pleito y venía ante el rey a juicio, Absalón lo llamaba y le decía: «¿De qué ciudad eres?». Él respondía: «Tu siervo es de una de las tribus de Israel». Entonces Absalón le decía: «Mira, tus palabras son buenas y justas; pero no tienes quien te oiga de parte del rey». Y añadía Absalón: «¡Quién me pusiera por juez en el país, para que vinieran ante mí todos los que tienen pleito o negocio, y yo les haría justicia!» 2 Samuel 15.2–4

a estrategia que utilizó Absalón para robarse el corazón del pueblo nos permite entender cómo una persona puede obrar con astucia para minar el trabajo de un líder. Absalón no confrontó directamente a David, sino que comenzó a trabajar sutilmente en el corazón de las personas que apoyaban al rey. Esta forma de proceder no hace más que imitar la metodología del mismo diablo, quien trabaja sutilmente en el corazón de las personas para que se resistan a la voluntad del Padre. Del mismo modo, el joven israelita se ubicó a la puerta de la ciudad y fingió un verdadero interés en la vida de cada una de las personas que venían a ver a David.
Es necesario señalar que no hubiera podido lograr este trabajo si David hubiera estado ocupado en atender las necesidades de su pueblo. Con el pasar de los años, sin embargo, el rey se había distanciado de su gente y había desatendido la función vital de pastorearlos, tarea a la cual había sido llamado. La insatisfacción y la frustración de ellos constituía tierra fértil para que Absalón sembrara en sus corazones la semilla de la discordia.
Es por esta razón que podemos afirmar que es difícil robarle el corazón a personas que se sienten amadas y cuidadas. Cuando un pastor sufre esta clase de problemas es, en muchas ocasiones, una indicación de que no está atendiendo adecuadamente las necesidades de su gente. Como señalaba un sabio profesor mío, «¡es difícil robar ovejas gordas!» Es decir, las únicas ovejas que escuchan propuestas de ir a otros campos son las que no están siendo correctamente alimentadas en el lugar donde están.
¿Cuál es la estrategia a seguir con el antilíder? Estas situaciones no se resuelven con la agresión hacia los «Absalones» de nuestro medio. Más bien tenemos que hacer los ajustes necesarios en nuestro pastoreo para asegurarnos que las personas de la congregación estén siendo adecuadamente pastoreadas. Esto no significa que usted y yo tenemos que llevar adelante un ministerio perfecto, sino que debemos esforzarnos para que la meta principal de nuestro trabajo sea compartir el amor y la gracia de Cristo con aquellos a quienes ministramos. Si ellos se sienten amados y valorados por su pastor, va a ser muy difícil que escuchen las propuestas de alguien que quiera llevarlos para otro lado.


Para pensar:
¿Cómo demuestra su amor hacia las personas que está pastoreando? ¿En qué aspectos necesita mejorar su ministerio para atenderlos mejor? ¿Con quién está compartiendo la carga de cubrir adecuadamente las necesidades de su gente?



lunes, 10 de diciembre de 2012

Peligro de intoxicación

Y usted, ¿qué prefiere de mascota, un perro o un gatito?El crisol es para la plata y el horno para el oro, y al hombre se lo prueba por la alabanza que recibe. Proverbios 27.21 (NVI)

El proceso de purificar metales preciosos no es muy complejo y ya era conocido en tiempos bíblicos. El metal, que en su estado natural está mezclado con toda clase de impurezas minerales, es sometido a un intenso proceso de calentamiento. El calor producido por el fuego hace que los elementos, que poseen diferentes puntos de fundición, se separen para que quede aislada la plata o el oro puro.
La ilustración, del autor de Proverbios nos ayuda a entender cómo un proceso similar de purificación ocurre en el hombre. Es muy fácil para cada uno de nosotros confiarnos de nuestra propia capacidad para efectuar una evaluación acertada del verdadero estado de nuestro corazón. El mismo autor realiza una pregunta para la cual todos conocemos la respuesta: «¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?» (Pr 20.9 - LBLA). Es imposible que el hombre purifique su propio corazón, especialmente en lo que se refiere al tema del orgullo y la humildad.
El texto de hoy nos da una solución más confiable. Una buena manera de saber la clase de persona que somos o son aquellos con quienes estamos trabajando es medir su reacción frente a la alabanza. Al igual que las más severas pruebas, la alabanza tiende a sacar a la luz las motivaciones y actitudes escondidas en lo más profundo del ser humano.
Existen dos posibles respuestas, frente a la alabanza, que deben preocuparnos. La primera es la persona que se hincha de importancia y cree que sus logros son producto de su propia fuerza e inteligencia. Esta persona está transitando por un camino peligroso porque se ha olvidado que todo lo que tenemos y somos es el resultado de la generosa bondad de Dios hacia nosotros. Lo nuestro no tiene mérito porque todo lo que es bueno y justo procede de lo Alto. «No puede un hombre recibir nada a menos que le sea dado del cielo» (Jn 3.27). Jesús nos recordó claramente esta verdad cuando contó la parábola del siervo que había servido fielmente a su amo, no solamente en el campo, sino también en la casa. ¿Acaso debía el amo darle las gracias por lo que había hecho? La respuesta del Maestro fue clara: «Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos”» (Lc 17.10).
La otra reacción que debemos cuidar es la de la persona que es excesivamente «humilde» y rehúsa reconocer que ha tenido parte en el éxito de algún proyecto. Sospecho que esta actitud revela una extraña manifestación del orgullo, pues la falta de disposición a recibir los regalos que otros nos quieren dar también se debe a la altivez. La verdadera humildad sabe dar, pero también sabe recibir.
Corresponde, entonces, que agradezcamos el cumplido a quien nos lo haya ofrecido y luego se lo entreguemos a nuestro Padre, no sea que lo atesoremos en nuestro corazón. La mejor manera de manejar la alabanza es no dándole mucha importancia.


Para pensar:
«Los orgullosos aborrecen el orgullo… ¡en los demás!». Benjamín Franklin.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Bienaventurados en todo!

http://2.bp.blogspot.com/-DcIoiDfw5f8/UG5GcZxkleI/AAAAAAABKw4/dbUOlkH-t7c/s1600/elefante-y-cebras-animales-de-la-sabana-.jpg
Bienaventurados en todo!
Pero el que mira atentamente a la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace. Santiago 1.25

El apóstol Santiago, el maestro eminentemente práctico en los escritos del Nuevo Testamento, nos da las claves para no convertirnos en oidores olvidadizos. La frase describe con admirable sencillez la condición de no poder retener la información que guía la conducta o el proceder en la vida. Esto puede tratarse de algo tan sencillo como llegar a un cuarto y no poder recordar por qué razón se vino a él, o algo mucho más complejo como puede ser la pérdida de memoria que es producto de enfermedades tan temibles como el Alzheimer. Para los efectos, los resultados son los mismos, pues uno queda desorientado y no sabe cómo proceder. Del mismo modo se podría describir a la persona que no retiene la Palabra de Dios. Se regocija con la proclamación de la misma pero no le da ninguna utilidad en su vida personal. Al igual que el exceso de maná recogido por los israelitas en el desierto, la palabra se «echa a perder» y rápidamente queda olvidada. No debemos desesperar por esta condición, tan común en estos tiempos en que estamos sobresaturados de la Palabra.
Santiago nos da claras instrucciones para llegar a ser bienaventurados en TODO lo que hacemos. Esas mayúsculas no están en el texto por error, sino para que usted y yo recordemos que el que vive la Palabra tiene promesa de bendición, y bendición «en abundancia» como afirmó Cristo. No debe confundirse esto con una vida sin problemas, que es la interpretación facilista del texto. Dios promete respaldar la vida de aquellos que viven conforme a sus designios, aun cuando les toque transitar por situaciones de extrema dificultad. Asimismo, no se nos debe escapar que esta bienaventuranza alcanza a los que hacen, no a los que oyen, estudian o memorizan la Palabra de Dios. Existe una gran diferencia entre el ejercicio intelectual que implican las últimas opciones y el esmero que es condición indispensable de la primera.
¿Cuáles son estas instrucciones de Santiago? En primer lugar, debemos mirar «atentamente» a la ley perfecta. Esta actitud indica una concentración de los sentidos que no puede ser lograda en una leída superficial del texto. Es el fruto de la convicción de que los tesoros más preciosos de la Palabra están al alcance de aquellos que realmente están dispuestos a buscarlos, esperando la revelación del Espíritu. Presupone el deseo de ocuparse con seriedad de la lectura de sus mandamientos.
En segundo lugar, Santiago exhorta a perseverar en ella, siendo un «hacedor de la obra». ¿A que obra se refiere? Precisamente a la que resulta del estudio de la Palabra. Dios no entrega su verdad para informar, ni entretener, sino más bien para orientar hacia una acción concreta. El resultado del estudio será que nos mueva a hacer algo. Solamente aquellos que obedecen ese impulso divino alcanzarán la plenitud de la bendición, pues la obediencia desata el respaldo del Altísimo.

Para pensar:
La perseverancia es necesaria porque ni la carne ni el mundo nos acompañarán en el deseo de vivir en luz. La victoria es de aquellos que no desisten fácilmente de lo que se han propuesto.

Shaw, C. (2005). Alza tus ojos. San José, Costa Rica, Centroamérica: Desarrollo Cristiano Internacional.