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estudio de radio

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viernes, 9 de mayo de 2014

Si no sabes hacia dónde vas, nunca sabrás cuando llegarás”

Éxito es una palabra que causa controversia en algunas personas, muchos lo anhelan y sin embargo se resisten a lograrlo porque piensan que no han nacido para ganar.  Se han vuelto conformistas y derrotistas con frases: “Nunca lo voy a lograr”, “Soy incapaz”, “Nadie me entiende”, “Quien se va a fijar en mi”, “No tengo dinero”, entre otras.
El éxito no es suerte o magia del destino. Dios lo diseñó a usted para que sea exitoso y por supuesto hay pasos que cumplir para que eso ocurra. Jesús fue exitoso en su ministerio y en su obra, el hecho más grande es que El resucitó, venció la muerte  y pide al Padre por nosotros para que nosotros tengamos éxito en la tierra.
Ahora no me confunda éxito con fama, dinero, poder, hay mucha gente que tiene eso pero no son felices. El éxito es más que eso, tiene que ver que al final de tu vida amaste a Dios, a tú conyugue, a tus hijos, dejaste un legado y disfrutaste la vida al máximo.  Una pregunta que le puede ayudar es: ¿Cómo seré recordado después que muera?
La gente exitosa es aquella que ha aprendido  a aplicar consistentemente las leyes de Dios en sus vidas y es aquella que ha descubierto su potencial para bendecir a otros mientras él también se beneficia.
Uno de los pasos para el éxito es la fijación de metas. Las metas son importantes, ellas le llevan al lugar donde quiere llegar. En un estudio que realizó la Universidad de Harvard a sus estudiantes encontraron que solo el 3% de las personas tenían metas por escrito acompañadas de un plan de acción y al cabo de diez años se contactaron nuevamente a estas personas y el resultado fue que estas personas eran exitosas en lo que hacían.
Muchos no se fijan metas es porque no han aceptado aun la responsabilidad personal de sus vidas, y aun le temen al fracaso y al éxito.
Es interesante que el conocido hombre de negocios Lee Iacocca, fue nombrado vicepresidente de Ford Motor Company a la edad de 36 años, sin embargo como estudiante universitario, había decidido convertirse en  vicepresidente de Ford Motor  a la edad treinta y cinco años. Sólo perdió su objetivo por un año. Entiende que el hecho de que se fije una meta y no lo logre en el tiempo deseado no significa que no lo va a lograr. Puede significar que está acercándose a su meta.
Estableciendo objetivos específicos, metas es un ejercicio poderoso. El profeta Habacuc escribió acerca de la fijación de metas: Y El Señor me respondió “Escribe la visión, y haz que resalte claramente en las tablillas, para que pueda leerse de corrido. Pues la visión se realizará en el tiempo señalado; marcha hacia su cumplimiento, y no dejará de cumplirse.  Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá.” Hab.2:2-3
¿Cuáles son sus sueños? ¿Ha escrito sus metas? El escribir sus metas  es una de las tareas más importantes de motivación para ganar en la vida. Dios quiere que usted tenga éxito y por ello debes escribir sus metas.
“Una hora de ejercicios de fijación de metas le ahorrará unas 60 horas en los próximos meses y usted puede aprovecharlas con su familia.”  Pedro Sifontes
Algunas ideas que le ayudaran a fijar metas:
1. Haga una lista de valores. ¿Qué es lo que mas valora?
2. Haga una lista con todos sus sueños. Escriba todo. ¿Qué le gustaría lograr en la vida? ¿Qué experiencias desearía tener?
3. ¿Qué harías si tuvieras seis meses de vida?
4. Escriba sus metas para tres años, un año, tres meses y desarrolle un plan de acción para alcanzarlos.
5. Convénzanse. Muchas personas escriben sus metas pero no están convencidas de lograrlo.
6. Haga una lista de recursos disponibles. ¿Qué libros, seminarios, personas pueden ayudarle para alcanzar sus metas? Hay un precio que disfrutar.
7. Identifique los obstáculos y piense como lo vencerá. Enfrente a sus gigantes, derribe a Goliath.
“El éxito no se mide por los logros que tengamos en la vida sino por lo que hemos tenido que superar para llegar a donde estamos.”
Recuerda siempre que Dios quiere que usted tenga éxito. El nos diseñó para ganar. Usted va a funcionar mejor y será más feliz cuando se mueva en pos de metas. Prosiga al blanco… como dice Pablo.
Hoy es el mejor día para empezar a fijar metas en su vida.
En amor y liderazgo,

martes, 25 de marzo de 2014

Dios es nuestro amparo y fortaleza

Dios es nuestro amparo y fortaleza,
nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

Salmo 46:1. 

 ¿Dónde está nuestro refugio?
La Biblia nos habla de siete fiestas solemnes que marcaban el año del pueblo de Israel. La última fiesta, la de los tabernáculos (o de las cabañas), se celebraba al final de las cosechas. Durante siete días los israelitas vivían en cabañas hechas con ramas y hojas. Así recordaban que sus antepasados habían vivido en tiendas durante 40 años después de que salieron de Egipto. Dejaban su casa, su comodidad y sus costumbres durante una semana; así tenían la mente libre para adorar a Dios y refugiarse sólo en él. Podían alabarle con gozo y darle gracias, descansando tras la cosecha.
Cristianos, de ahí podemos sacar una gran lección para nosotros. ¿Dónde está nuestro refugio, nuestra seguridad? ¿En nuestras casas, en las compañías de seguros o en una cuenta bancaria?
Es necesario tener una vivienda, trabajar, hacer proyectos, etc., pero eso no debe ser el fundamento de nuestra vida, pues sería un “refugio de la mentira” (Isaías 28:17). Esta fiesta de las cabañas nos recuerda que toda vida depende de Dios. Si hallamos en Dios nuestro refugio, ninguna tempestad podrá derribarnos. Es un refugio seguro para todos los que depositan su confianza en él, aceptando para sí mismos el sacrificio de Jesús en la cruz. En Dios, en su Hijo muy amado, se hallan la alegría, la paz y el descanso para el presente y para el futuro.
Tú has sido mi refugio, y torre fuerte delante del enemigo. Yo habitaré en tu tabernáculo para siempre; estaré seguro bajo la cubierta de tus alas” (Salmo 61:3-4).

viernes, 14 de febrero de 2014

DIOS ES AMOR

Estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo,
ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios,
que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

Romanos 8:38-39.






       Cuando los techadores acabaron su trabajo en la granja de un creyente, éste les pidió que colocasen en el remate del techo una veleta, en la que estaba grabado el versículo: “Dios es amor” (1ª Juan 4:8). Entonces un obrero le preguntó si eso significaba que el amor de Dios era tan variable y caprichoso como el viento. El agricultor le respondió: «¡No, todo al contrario! Es para recordar que en toda circunstancia, cuando la suave brisa de verano me refresca o cuando el viento de invierno sopla en la tormenta, siempre es el amor de Dios que me lo envía».

       La opinión del techador está muy extendida. Son numerosos los que dicen creer en la bondad de Dios cuando las circunstancias son favorables, pero en cuanto éstas cambian, no quieren oír hablar más de un Dios de amor. A veces incluso lo maldicen abiertamente, como la mujer de Job le incitaba a hacerlo (Job 2:9). Si usted forma parte de esas personas, es porque no conoce a Dios tal como él es. Él dio la mayor prueba de amor al dar “a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

       El apóstol Pablo, autor de los versículos citados en el encabezamiento, hablaba con conocimiento de causa. Había pasado por pruebas especialmente duras (2ª Corintios 11:23-27), pero nunca puso en duda el amor de Dios. Al igual que él, cada hijo de Dios puede decir y experimentar en todo tiempo que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).


Dios es amor